sábado, 29 de diciembre de 2018

LA SAGRADA FAMILIA






 Como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada” (Col 3, 12-14).



San Pablo no emplea las palabras como relleno literario; cada una de las expresiones contiene un significado profundo, y a la vez son consejos prácticos para la convivencia familiar, comunitaria o social. Como expresión de plenitud evoca siete actitudes, número perfecto, que despliegan la que es condición fundamental en la mutua pertenencia, tanto familiar, como comunitaria: el amor.




La túnica con la que podemos revestirnos nosotros, que ya somos humanos, simboliza que debemos hacerlo con los sentimientos del Hijo de María, para que tengamos el modelo alcanzable, y la emulación justa.



La liturgia escoge la lectura paulina el día que nos invita a celebrar la Sagrada Familia de Nazaret, icono emblemático de relaciones humanas, donde Dios mismo quiso hacerse miembro de aquel hogar.



Hemos celebrado que el Verbo de Dios se ha revestido de nuestra carne, y desde su naturaleza humana, ahora nos ofrece la enseñanza de cómo convivir, tomando la tomando como ejemplo su vida de hombre. Si algo destaca de la familia sagrada es la sencillez, discreción, laboriosidad…



La familia sigue siendo la institución más valorada. La familia en estos momentos recios es la estructura solidaria que evita la quiebra de la sociedad. La familia es la referencia más estabilizadora. Es día de explicitar el amor a los nuestros, a la vez que, como dice el papa Francisco, es día de tener especial consideración con los ancianos y con los niños; nos hace avanzar la referencia a la sabiduría de los mayores, y a la esperanza de los más pequeños.



Es un verdadero privilegio tener una casa habitada por el amor familiar, saber que en ella hay siempre alguien que te espera, te perdona, intuye tu necesidad, te acompaña, reza por ti, te ofrece el espacio de la mayor intimidad.




El recuerdo de Jesús, María y José en Nazaret es un motivo de bendición para todos los que desean tener un referente en su convivencia.





Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales



Fuente:

www.la-oracion.com

viernes, 28 de diciembre de 2018

¿QUIÉN ERA HERODES, EL QUE QUERÍA SER “GRANDE”?






Quiso ser recordado por la Historia, y acabó devorado por sus propios gusanos.

En su juventud mató a Malic, el hombre que había envenenado a su padre. Encarceló a su propio hermano, Fasael, que, llevado por la desesperación, acabó suicidándose. Mató a su propia esposa, Marianne I, y, unos años más tarde, mató también a los dos hijos que había tenido con ella, Alejandro y Aristóbulo. Cinco días antes de morir, aún llegó a mandar ejecutar a otro hijo, Antípatro, nacido de Doris, que había sido otra de sus esposas.

Mandó construir obras a la altura de lo que consideraba su “grandeza”. Dedicó diez años a la reconstrucción del Templo de Jerusalén, ese mismo templo respecto que tanto enorgullecía a los judíos, y del cual, una vez, dijeron fascinados los discípulos de Cristo: “Mira, Maestro, ¡que piedras y que construcciones!” (Mc 13,1). Pero no quedó piedra sobre piedra pues el templo, hecho por manos humanas, fue destruido en la guerra judía de 67-70 d.C.

Y no sólo mandó construir el Templo. También ordenó la edificación de templos paganos, incluso en honra del “divino Augusto”, el emperador romano. Hizo en Jerusalén un teatro y un anfiteatro. Después de reformar la fortaleza de los Macabeos, le cambió el nombre por el de Fortaleza Antonia, por halagar a su protector romano, Marco Antonio.

Mandó edificar un magnífico palacio real al noroeste de la ciudad. Revitalizó la ciudad de Samaria, que rebautizó como Sebaste para adular a Augusto – porque Sebastos es el término original griego para el latinizado Augustus. Mandó construir el palacio-fortaleza Haerodium, al sur de Belén. Hizo levantar Cesarea Marítima, la nueva capital, en la costa del Mar Mediterráneo.

Se sentaba en el trono de una corte pagana que sobrepasaba en mucho a todas las demás de Oriente en podredumbre y obscenidad.

Quería ser uno de los “grandes” de la historia.

Y la historia, siempre dispuesta a adular de alguna forma a los humanamente poderosos, le concedió el título tan obsesivamente deseado.

El es Herodes, el Grande.

Pero Herodes, el Grande, quedó un día profundamente perturbado (cf. Mt 2,3).

Fue porque algunos magos le habían anunciado que había nacido el “Rey de los judíos”. Y la supuesta “grandeza” de Herodes, desde ese momento en adelante, se empequeñeció aún más hasta tener el tamaño de una única y determinante preocupación: “¿Quién era ese que podría derribarle del trono?”.

El grito de alarma latía en su mente enferma e hizo que su inhumanidad concibiera a un monstruo: si el “Rey de los judíos” había nacido hace poco tiempo, no podría tener más de un año de edad. Tal vez un año y medio. ¿Cómo identificarlo? No era necesario. Bastaba destruirlo, fuera quien fuera. Bastaba exterminar a todos los niños menores de dos años de edad.

Y Herodes, el Grande, lo hizo.

Pasó el tempo.

Después de seis meses de una enfermedad cruel y devastadora, inmune a las “grandezas” de los hombres y acompañada por un cortejo de gusanos que ya en vida le corroían el cuerpo, murió en Jericó el rey Herodes, el Grande.

Flavio Josefo, el célebre historiador de esos tiempos, relata que el funeral del “grande” rey fue del máximo esplendor: su cadáver, podrido en todos los sentidos, yacía sobre una litera de oro, tachonada de perlas y piedras preciosas de varios colores, recubierta de un manto púrpura; también el muerto vestía púrpura y una tiara a la que se sobreponía una corona de oro; a su derecha yacía el cetro.

Pero los seis meses de agonía dolorosa no habían encendido en el alma cruel de ese rey ninguna chispa de conciencia. Lejos de eso, Herodes, el Grande, aún maquinó su barbaridad postrera y dio ordenes a su hermana, Salomé, de que detuviera a todos los nobles del reino en Jericó para ser ejecutados en el mismo instante en que él muriera.

Según Flavio Josefo, Herodes habría dicho a Salomé: “Sé que los judíos festejarán mi muerte. Mientras tanto, aún puedo ser llorado por otras razones y tener un funeral espléndido si sigues mis orientaciones. Estos hombres que están presos, cuando yo expire, mátalos a todos, después de rodearlos de soldados, para que todos en Judea y todas las familias, aunque no quieran, derramen lágrimas por mí”.

Salomé, felizmente, desobedeció y libertó a los prisioneros después de la muerte del “Grande” hermano.

La tragedia perpetrada por los “Grandes” de la historia, sin embargo, nunca terminó. De “Grande” en “Grande”, la matanza de los inocentes continua hasta nuestro tiempo, y al mismo tiempo también prosiguen las grandiosas construcciones dirigidas a aumentar la apariencia de grandeza de nuestra civilización y de su poderío material. Entre las faraónicas y admirables obras que la grandeza humana no cesa de incrementar, permanece vivo Herodes, el Grande, en la violencia, la corrupción, la promiscuidad, el asesinato, la guerra, la explotación, el hambre y, muy significativamente, en el exterminio voluntario e implacable de los pequeños inocentes. Herodes vive.

Pero no consiguió matar a Jesús.

No lo consigue porque, hoy como ayer, incluso en medio de la más densa de las noches, Dios siempre manda ángeles a miles de Josés que aún oyen sus consejos y se disponen, con prontitud, a renunciar a todo con el fin de salvar la vida de los pequeños e inocentes.

Josés soñadores, tal vez, a los ojos de los hombres. Pero muy despiertos a los ojos de Dios.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales



Fuente:

aleteia.org

jueves, 27 de diciembre de 2018

SAN JUAN EVANGELISTA, PATRÓN DE LA JUVENTUD COFRADE






San Juan Evangelista es considerado el patrón de la juventud cofrade por ser el más joven de los discípulos de Jesús. Lo que comenzó siendo una celebración de una cofradía se ha ido generalizando, y en la actualidad participan hermanos de muchas cofradías en su mayoría jóvenes.





San Juan Evangelista



Fue uno de los 12 apóstoles (No confundir con Juan el Bautista). Trabajaba como pescador en Galilea y era hermano de otro de los apóstoles, Santiago el Mayor. Los evangelios en ocasiones se refieren a los dos hermanos como los hijos de Zebedeo que era su padre. Como hemos dicho al principio era el más joven de todo el grupo de apóstoles.


 Suele ser una figura habitual en los pasos de Semana Santa porque estuvo al pie de la cruz junto a María. En la iconografía se le representa mediante un águila por el alto valor teológico de sus escritos.



Juan siempre forma parte del grupo restringido que Jesús lleva consigo en determinadas ocasiones. Está junto a Pedro y Santiago cuando Jesús, en Cafarnaún, entra en casa de Pedro para curar a su suegra (cf. Mc 1,29); lo sigue cuando sube a la montaña para transfigurarse (cf. Mc 9,2); está cerca de él en el Huerto de Getsemaní antes de la Pasión (cf. Mc 14,33) y poco antes de la Pascua, cuando Jesús escoge a dos discípulos para enviarles a preparar la sala para la Cena, les encomienda a él y a Pedro esta misión (cf. Lc 22,8)



Según la tradición, Juan es “el discípulo predilecto” que se recuesta sobre el pecho del maestro durante la última Cena (cf. Jn 13,25), se encuentra al pie de la cruz junto a la Madre de Jesús (cf. Jn 19,25) y, por último, es testigo tanto de la tumba vacía como de la presencia del Resucitado (cf. Jn 20,2;21,7).



Esta relación de familiaridad y amistad entre Juan y Jesús tiene una lección importante para nuestra vida. El Señor quiere que cada uno de nosotros sea un discípulo que viva una amistad personal con él. Esto sólo es posible, como hemos dicho, en el marco de una relación de familiaridad, impregnada del calor de una confianza total. Es lo que sucede entre amigos. 


 Por esto, Jesús dijo un día: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.(…) No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15, 13.15)



En el evangelio de Juan, Jesús pronuncia estas palabras: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros” (Jn 13, 34).



¿Dónde está la novedad del mandamiento nuevo al que se refiere Jesús? Está en el hecho de que él no se contenta con repetir lo que exigía el Antiguo Testamento y que leemos también en los otros Evangelios: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19, 18; cf. Mt 22, 37-39; Mc 12, 29-31; Lc 10, 27). En el mandamiento antiguo el criterio normativo estaba tomado del hombre (“como a ti mismo”), mientras que, en el mandamiento referido por San Juan, Jesús presenta como motivo de nuestro amor su misma persona: “Como yo os he amado”.



Así el amor resulta de verdad cristiano, cuando no tiene otra medida que el no tener medida.






Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales



Fuentes:

www.lapiedad.es
Texto palabras pronunciadas en las Audiencias Generales realizadas por el Papa emérito Benedicto XVI los días 5 de Julio y 9 de Agosto de 2006 www.vatican.va  

miércoles, 26 de diciembre de 2018

ORACIÓN DE LOS CINCO BESOS AL NIÑO JESÚS






Una devoción repleta de amor y de fe.

Oración para ser realizada especialmente en tiempo de Navidad.



Besando la manita derecha: Oh Jesús mío, lo que Tú quieres, yo también quiero, lo quiero porque lo quieres Tú, oh Jesús.

 Besando la manita izquierda: Jesús, lo que tu quieres , yo también lo quiero, lo quiero como lo quieres Tú, oh Jesús.

 Besando el piececito derecho: Jesús lo que Tú quieres, yo también quiero, lo quiero cuando lo quieres Tú, oh Jesús.

 Besando el piececito izquierdo: Jesús lo que Tú quieres, yo también quiero, lo quiero hasta cuando lo quieres Tú, oh Jesús.

 Besando el corazón: Dulce Señor mío, dame lo que veo en tu corazón.

“Oh mi Jesús, oh dulce mi Señor,



Dame lo que veo en tu corazón:

Dolor, para que no falte en mí el amor.

Amor, para que no falte en el dolor.

Dolor que soporta todo el dolor.



Amor a despreciar todo otro amor.

Amén.

(Autor desconocido).









Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales



Fuente:

www.es.aleteia.org

lunes, 24 de diciembre de 2018

ORACIÓN AL NIÑO JESÚS





Os adoro, amable Niño de los pobres,
el más humilde y el más grande
de los hijos de los hombres,
el más pobre y el más rico,
el más débil y el más poderoso.
Os bendigo, porque,
os habéis dignado descender hasta mí,
para ser mi modelo en la práctica,
de todas las virtudes,
mi guía en las dificultades de la vida
y mí consuelo en los días de aflicción.
Os amo, porque,
venís a mí con amor infinito;
con amor generoso,
al que no cansan mis ingratitudes;
con amor obsequioso, que se anticipa
a los tardíos impulsos de mi corazón;
con amor paciente,
que espera mi petición
para amarme más tiernamente aún.
Por eso, con el corazón lleno de agradecimiento,
de rodillas al pie de este lecho de paja,
os adoro, bendigo y amo,
con todo el fervor de mi alma,
y me atrevo a levantar mis ojos
hasta mi Dios, que se digna mirarme,
ver que soy tan pobre como Tú,
y viéndome con amor y benevolencia,
sé que mis angustias y miserias
serán sustituidas por alegrías y gozos,
por abundancia y prosperidad,
porque la bondad de Dios no tiene fin.
Niño Jesús de los pobres,
halla en mí a tu devoto,
a quién sufre y espera de ti,
consuelo en la desdicha
y ayuda para obtener
un futuro más digno y próspero.
Amén.









Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales



Fuente: enlacecatolico.info




¡Formación Cofrade de La Hermandad de Los Estudiantes de Oviedo os desea Feliz Navidad!



"En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.






La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.» Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado".

Del Santo Evangelio según San Juan 1, 1-18




¡FELIZ NAVIDAD! ¡DIOS HA NACIDO!



domingo, 23 de diciembre de 2018

4ª SEMANA DEL CALENDARIO DE ADVIENTO.





Cuarto Domingo de Adviento

Domingo 23 de Diciembre. Cuarta vela de la corona de Adviento.

Enciende las cuatros velas de Adviento. Reza una oración y lee la Biblia. Agradece especialmente hoy a tu madre su amor y su servicio constante, su entrega gratuita a sus hijos. Vive este momento con alegría. Los cristianos debemos ser alegres. Jesús nos ha dado su amor incondicional.

Cuarto lunes de Adviento

Mide tus palabras hoy, a veces hablamos por hablar. Aprende a compartir el silencio.

Cuarto martes de Adviento

Alégrate, celebra, contagia a los demás con tu actitud positiva. Contagia la buena noticia: en estos días es fácil olvidarse de lo que vamos a celebrar, recuérdaselo a los que te rodean.

Cuarto miércoles de Adviento

Bendice hoy al Señor, acércate a su presencia. Celebra en familia el nacimiento de Dios, se atento, ofrécete a colaborar, busca los puntos de encuentro en lugar de los puntos de diferencia.

Cuarto jueves de Adviento

Ora: dedica un tiempo especial hoy a prepararte para los días que nos esperan, para aprender a diferenciar lo necesario de lo gratuito. Ama, que hoy tus palabras sólo sean signo de amor por los demás, alabanza a Dios.

Cuarto viernes de Adviento

Medita, piensa sobre tu día a día, sobre tu rutina. Trata de mejora tu monotonía con alegría. Piensa que Jesús pronto los iluminará de nuevo con su luz. Cristo nos renueva con su Nacimiento.

Cuarto sábado de Adviento

Es un buen día para sumir tus errores y recordar las experiencias que han marcado. Debes pensar que has llegado a dónde estás gracias a tus aciertos y a tus errores. Disfruta tu vida teniendo presente a Jesús en tu corazón.

 



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente:

articulosreligiososbrabander.es

martes, 18 de diciembre de 2018

EL DÍA DE LA VIRGEN DE LA ESPERANZA








Hoy 18 de diciembre celebramos el día de la Virgen de la Esperanza.

En el año 656, en el X concilio de Toledo quedaba establecida la fiesta de la "espera del parto" (Exspectatio Partus). 



A esta fiesta se le comenzó a llamar la de "Santa María de la O" porque después de rezar la oración de Vísperas, al atardecer, el coro sostenía una larga "O" cantando una antifona del Magnificat que anunciaba la llegada de la navidad, conocida como el rezo de las Oes.

Esta representaba la gran expectación del universo por la venida del Mesías.



 La "O" expresa actitud de maravilla, expectativa y esperanza por la venida del Mesías.

v  O Sapientia (O Sabiduría)

v  O Adonai (O Adonai)

v  O Radix Jesse (O Raíz de Jesé)

v  O Clavis David (O Llave de David)

v  O Oriens (O Amanecer)

v  O Rex Gentium (O Rey de las naciones)

v  O Emmanuel (O Emmanuel)

La Esperanza es además una de las Virtudes Teologales infundidas directamente por dios, también son la Fe y la Caridad.



La Advocación.

De esta Virtud y Oración nacería la advocación mariana de la Esperanza, principalmente gloriosa, en la que la Virgen aparecería embarazada, como modelo de espera en su gestación, además aparecería junto a los símbolos del ancla, el verde y las flores que anunciaban el nacimiento De Dios.

La festividad de la Expectación del Parto o de la O sería refrendada por Gregorio XIII en 1573.

La advocación de la Esperanza o la O en las imágenes de Pasión llegaría a partir del siglo XVI y continuaría durante el barroco.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales



 Fuente: Texto de Jesus Manuel Monforte Vidarte

HOY SE CELEBRA TRADICIONALMENTE A SANTA MARÍA DE LA “O”, LA VIRGEN DE LA ESPERA




Según la tradición, desde muy antiguo en las vísperas del 17 de diciembre hasta las vísperas del 23, la Iglesia reza en la Liturgia de las Horas, antes del Magníficat, unas antífonas que comienzan con la palabra “Oh”.



“Oh Sabiduría… Oh Adonai… Oh renuevo del tronco de Jesé… Oh llave de David”, son algunas invocaciones con que empiezan estas invocaciones y que expresan la actitud de maravilla, expectativa y esperanza que tuvo la Virgen ante la llegada del Mesías y que la Iglesia renueva con alegría cerca de la Navidad.



De esta manera surgió la advocación mariana de Santa María de la “O” que se celebra cada 18 de este mes.




Por otro lado, se dice que ya en los primeros siglos del cristianismo los fieles querían celebrar la dulce espera de la Virgen María. 


Es así que en el 656, durante el décimo concilio de Toledo en España, se instituyó la fiesta mariana de la “espera o expectación del parto” y que fue fijada para el 18 de diciembre.



Es así que en esta fecha se festeja a la Madre de Dios como Santa María de la O, la Virgen de la expectación del parto y Virgen de la esperanza.



Oración

Ruega por nosotros, Madre de la Iglesia. Virgen del Adviento, esperanza nuestra, de Jesús la aurora, del cielo la puerta. Madre de los hombres, de la mar estrella, llévanos a Cristo, danos sus promesas. 


Eres, Virgen Madre, la de gracia llena, del Señor la esclava, del mundo la Reina. Alza nuestros ojos, hacia tu belleza. ¡Amén!





Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales







Fuente: ACI Prensa

domingo, 16 de diciembre de 2018

TRIDUO A LA VIRGEN DE LA ESPERANZA






¡Oh excelsa Madre de Dios y Esperanza de los hombres!

tu fuisteis, eres y serás,

después de Jesús, toda mi esperanza.



Oh Madre buena y poderosa,

oh madre de la Esperanza,

sabedor de que has recibido la misión divina de guardar,

guiar, ayudar, alegrar y consolar a las almas,

a ti acudo con inquebrantable fe e ilimitada seguridad.



Tu título de Madre de la Esperanza

me alienta especialmente;

tu eres, por derecho legitimo,

la poderosa Intercesora,

honor y gracia que adquiriste

desde el momento mismo de la Anunciación,

y fuiste acrecentando cada día, con tu propio dolor.



Tú no me abandonarás, oh Madre mía,

pues tu eres el camino entre mi corazón y Dios.



Sabiendo que tus brazos se abren siempre con infinito amor y solicitud maternal, 
en ellos me arrojo pues sé que no quedare defraudado-a,de Ti todo lo espero,
 contigo siento que el Cielo esta conmigo.



Aún cuando todo el mundo me abandone,

aún cuando la medicina me desahucie,

aún cuando Dios no oyera ya mis ruegos,

aún cuando las tinieblas envolvieran mi alma,

aún cuando todos los caminos se me cerraran,

y sin luz, sin calor, sin fuerza, sin aliento,

sin sostén alguno ni humano ni divino,

estuviera por hundirme en el abismo de la desesperación,

bajo tu amparo me acojo,

pues si tu lo quieres,

sé que al momento seré consolado-a.



¡Oh Madre buena y poderosa,



oh Madre de mi Esperanza

escucha mis muy desesperadas necesidades y problemas:



(hacer ahora la petición con infinita confianza).



Atiende, te suplico, lo que con gran fe y esperanza solicito,

dame alivio y aliento, dame solución a mis necesidades,

porque yo solo no puedo nada,

escucha mi plegaria, porque de ti todo lo espero,

Madre y Señora mía, Virgen de mi Esperanza.



Por Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor.



Amén. +



Rezar la Salve y tres Avemarías.



Repetir le oración y los rezos durante tres días consecutivos. 











Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales



Fuente: oracionesalossantos.com