sábado, 17 de noviembre de 2018

18 DE NOVIEMBRE, II JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES 2018





El domingo XXXIII del Tiempo Ordinario de la liturgia se celebrará la Jornada Mundial de los Pobres instituida por el Papa. 



"Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad."



Este pobre gritó y el Señor lo escuchó” es el lema para la II Jornada Mundial de los pobres que se celebra el 18 de noviembre.




Una jornada en la que Papa nos invita “a los hermanos obispos, a los sacerdotes y en particular a los diáconos, a quienes se les impuso las manos para el servicio de los pobres (cf. Hch 6, 1-7), junto con las personas consagradas y con tantos laicos y laicas que en las parroquias, en las asociaciones y en los movimientos hacen tangible la respuesta de la Iglesia al grito de los pobres, a que vivan esta Jornada Mundial como un momento privilegiado de nueva evangelización”.



“Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio. No echemos en saco roto esta oportunidad de gracia. Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos, para que, tendiendo recíprocamente las manos, uno hacia otro, se realice el encuentro salvífico que sostiene la fe, hace activa la caridad y permite que la esperanza prosiga segura en el camino hacia el Señor que viene”.




Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuentes:

conferenciaepiscopal.es

wikipedia.org

martes, 13 de noviembre de 2018

ORACIÓN DEL POBRE







PADRE, soy pobre y como pobre te pido: concédeme la gracia de permanecer alegre en mi pobreza, de ser capaz de hacer silencio, para escuchar a los que son más pobres que yo, de exultar de gozo de ser pobre con y por cada pobre, como Tu Hijo y mi Hermano Jesús, y de hacer sólo Tu voluntad





JESUCRISTO, ayúdanos a comprender la bienaventuranza de la mansedumbre, a responder y ayudar a liberar a todo hermano oprimido, sin hacer distinción de color, raza o religión. Maestro humilde, que habitas escondido en cada abandonado, en el niño despreciado, en el anciano sólo, en la familia sin hogar y sin pan, en el migrante refugiado, en el adicto y en la prostituta, en el joven que busca un camino, en cada persona más necesitada que nosotros, Te pedimos por todos estos, por todos nosotros: recuerda que somos uno en Ti, tu único cuerpo, abre nuestros ojos, sana nuestras heridas y, entonces, en todo y en todos, encontraremos la ocasión de reconocerte y amarte, entregándonos como Tú, pan partido y compartido.





ESPÍRITU SANTO, el único capaz de mover y renovar todo todas las cosas, haznos más bondadosos, más acogedores, más cercanos. Que nuestro testimonio de vida inspire a otros corazones a vencer la hipocresía, la insensibilidad, la indiferencia y el odio con el mismo amor que une a Jesús con el Padre.





SANTA TRINIDAD, Amor sin fin, haz que sepamos responder al grito de los pobres con esperanza, con una sonrisa, con perfecta alegría, y que Te podamos servir, alabar, adorar y amar en cada gesto gratuito y misericordioso a través de la invocación silenciosa y constante de Tu Santo Nombre. Amén.





Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente:

conferenciaepiscopal.es

viernes, 9 de noviembre de 2018

LA HISTORIA DEL INCIENSO Y POR QUÉ SE USA EN MISA




Este aromático elemento de la tradición católica se remonta a milenios antes de Cristo.
Hay algo en el olor del incienso recién quemado inundando la iglesia que me resulta espiritualmente inspirador.
 Pero ¿de dónde surgió el incienso y por qué lo empleamos?
El uso del incienso en el culto religioso se remonta a más de 2000 años antes incluso de que empezara el cristianismo.


Su utilización ya está documentada en China antes del 2000 a. C. 




El comercio de incienso y especias era un importante factor económico entre Oriente y Occidente cuando las caravanas atravesaban la ruta del incienso por Oriente Medio desde Yemen y a través de Arabia Saudí.




 La ruta terminaba en Israel y era aquí por donde se introducía el incienso al Imperio romano.
Las religiones en el mundo occidental han empleado desde hace mucho tiempo el incienso en sus ceremonias.




 El incienso aparece en el Talmud y se menciona 170 veces en la Biblia.
 Por ejemplo, en Éxodo 30,1:
Harás un altar para quemar el incienso…”.
La utilización del incienso en el culto judío continuó mucho después del comienzo del cristianismo y fue una influencia evidente en el uso de la Iglesia católica en las celebraciones litúrgicas.


La Iglesia considera la quema del incienso como una imagen de las oraciones de los fieles alzándose al Cielo.
 El simbolismo se menciona en Salmos 141,2:
“Que mi oración suba hasta ti como el incienso, y mis manos en alto, como la ofrenda de la tarde”.
No hay un registro de un marco temporal específico que nos permita saber cuándo se introdujo el incienso en los servicios religiosos de la Iglesia.



No hay pruebas disponibles que muestren su uso durante los primeros cuatro siglos de la Iglesia, aunque hay referencias de su empleo en el Nuevo Testamento.
Lucas, al inicio de su Evangelio, habla sobre el nacimiento de Juan Bautista y escribe:
“Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso. Entonces se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo”.


El incienso es un sacramental, utilizado para santificar, bendecir y venerar.
El humo del incienso es símbolo del misterio de Dios Mismo.


A medida que se eleva, la imagen y el olor expresan la dulzura de la presencia de Nuestro Señor y refuerza cómo la misa se vincula con el Cielo y la Tierra, terminando en la mismísima presencia de Dios.
El humo también simboliza la intensa fe que debería llenarnos y su fragancia evoca la virtud cristiana.


La Instrucción General del Misal Romano (IGMR) permite el uso del incienso en diversos momentos durante la misa.
Cuando algo se inciensa, el turiferario balancea el incensario tres veces, lo cual representa las Tres Personas de la Santísima Trinidad.
Hay diferentes momentos durante la misa en los que puede emplearse el incienso:


 Durante la procesión de entrada.



Al comienzo de la misa, para incensar el altar.



  Antes de la proclamación del Evangelio.



   En la preparación de los dones, cuando están sobre el altar.



 Para incensar las ofrendas, la cruz, el altar, al sacerdote y, finalmente, al pueblo.



 En los funerales tanto en la iglesia con el ataúd como en el cementerio. 


   Se usa el Jueves Santo.




Cuando el Santísimo está expuesto.
      




Durante  la Vigilia Pascual.






En el Cirio Pascual,  se colocan cinco granos de incienso.


En la Dedicación del altar Dedicación del altar.

Para terminar, veamos lo que dice al respecto el libro de Apocalipsis 8,3-4:
Y vino otro Ángel que se ubicó junto al altar con un incensario de oro y recibió una gran cantidad de perfumes, para ofrecerlos junto con la oración de todos los santos, sobre el altar de oro que está delante del trono. Y el humo de los perfumes, junto con las oraciones de los santos, subió desde la mano del Ángel hasta la presencia de Dios.





En efecto, el uso del incienso tiene raíces profundas en nuestra tradición católica.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales
Fuente: aleteia.org

viernes, 2 de noviembre de 2018

CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS





La Conmemoración a los Fieles Difuntos, generalmente llamada Día de los Muertos o Día de los Difuntos es una celebración que se realiza el 2 de noviembre complementando al Día de Todos los Santos, cuyo objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrenal y, especialmente, por aquellos que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.



La celebración de una fiesta dedicada a los difuntos persigue en la mayoría de culturas el objetivo de apaciguar a los muertos más recientes que vagan aún por la tierra sin encontrar el lugar de reposo (para la Iglesia Cristiana Católica ese lugar por el cual vagan se llama Purgatorio).

Las principales iglesias, Iglesias Cristianas Ortodoxas Occidentales, Unión de Utrecht (Iglesias), Comunión de Porvoo, así como Comunión anglicana y Iglesia católica acordaron tener el mismo calendario y días de celebraciones religiosas y santoral (siempre que en esa rama cristiana sea santo o beato esa persona), para facilitar las asistencia a sus feligreses a sus respectivas celebraciones (coincida con día festivos) (Semana Santa, Navidad...)





El Día de los Difuntos [...] el día designado en la Iglesia Católica hispana para la conmemoración de los difuntos fieles. La celebración se basa en la doctrina de que las almas de los fieles que al tiempo de morir no han sido limpiadas de pecados veniales, o que no han hecho expiación por transgresiones del pasado, no pueden alcanzar la Visión Beatífica, y que se les puede ayudar a alcanzarla por rezos y por el sacrificio de la misa. [...] Ciertas creencias populares relacionadas con el Día de los Difuntos son de origen pagano y de antigüedad inmemorial. Así sucede que los campesinos de muchos países católicos creen que en la noche de los Difuntos los muertos vuelven a las casas donde antes habían vivido y participan de la comida de los vivientes. tomo I, pág. 709
The American Encyclopedia dice:




Elementos de las costumbres relacionadas con la víspera del Día de Todos los Santos se remontan a una ceremonia druídica de tiempos precristianos. Los celtas tenían fiestas para dos dioses principales... un dios solar y un dios de los muertos (llamado Samhain), la fiesta del cual se celebraba el 1 de noviembre, el comienzo del año nuevo celta. La fiesta de los difuntos fue gradualmente incorporada en el ritual cristiano. tomo 13, pág. 725

El libro The Worship of the Dead (La adoración de los difuntos) señala a este origen al decir:
Las mitologías de todas las naciones antiguas están entretejidas con los sucesos del Diluvio [...] El vigor de este argumento está ilustrado por el hecho de que una gran fiesta de los muertos en conmemoración de ese acontecimiento se observa, no solo en naciones que más o menos se encuentran en comunicación entre sí, sino también en otras extensamente distanciadas, tanto por el océano como por siglos de tiempo. Además, todos celebran esta fiesta más o menos el mismísimo día en que, de acuerdo con el relato mosaico, tuvo lugar el Diluvio, a saber, el decimoséptimo día del segundo mes... el mes que casi corresponde con nuestro noviembre. Londres, 1904, Colonel J. Garnier, pág. 4
Por tanto, estas celebraciones en realidad comenzaron como una fiesta para honrar a personas que, debido a su maldad, habían sido destruidas por Dios en los días de Noé. (Gén. 6:5–7; 7:11.)




La práctica religiosa hacia los difuntos es sumamente antigua. El profeta Jeremías en el Antiguo Testamento dice: «En paz morirás. Y como se quemaron perfumes por tus padres, los reyes antepasados que te precedieron, así los quemarán por ti, y con el «¡ay, señor!» te plañirán, porque lo digo yo — oráculo de Yahveh» (Jeremías 34,5). A su vez en el libro 2° de los Macabeos está escrito: «Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados» (2 Mac. 12, 46); y siguiendo esta tradición, en los primeros días de la Cristiandad se escribían los nombres de los hermanos que habían partido en la díptica, que es un conjunto formado por dos tablas plegables, con forma de libro, en las que la Iglesia primitiva acostumbraba a anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar.




En el siglo VI los benedictinos tenían la costumbre de orar por los difuntos al día siguiente de Pentecostés. En tiempos de san Isidoro († 636) en España había una celebración parecida el sábado anterior al sexagésimo día antes del Domingo de Pascua (domingo segundo de los tres que se contaban antes de la primera de Cuaresma) o antes de Pentecostés.



En Alemania cerca del año 980, según el testimonio del cronista medieval Viduquindo de Corvey, hubo una ceremonia consagrada a la oración de los difuntos el día 1 de noviembre, fecha aceptada y bendecida por la Iglesia.

Adoptada por Roma en el siglo XIV pero que se remonta varios siglos atrás. Fue el 2 de noviembre del año 998 -otros autores fijan la fecha en 1030- cuando, en optó cerca del año 1000, en Milán se adoptó el siglo XII, hasta ser aceptado el 2 de noviembre, como fecha en que la Iglesia celebraría esta fiesta.




Celebración litúrgica en el Cristianismo

En la Iglesia católica
Para la Iglesia católica, se trata de una conmemoración, un recuerdo que la Iglesia hace en favor de todos los que han muerto a este mundo (fieles difuntos), pero aún no pueden gozar de la presencia de Dios, porque están purificando, en el purgatorio, los efectos que ocasionaron sus pecados.

Este día, los creyentes ofrecen sus oraciones (llamadas sufragios), sacrificios y la misa para que los fieles difuntos de la iglesia purgante, terminen esta etapa y lleguen a la presencia de Dios. Hay pues, una gran diferencia en la fiesta del día primero y el ambiente de oración y sacrificio del día dos.

Aunque la iglesia siempre ha orado por los difuntos, fue a partir del dos de noviembre del año 998 cuando se creó un día especial para ellos. Esto fue instituido por el monje benedictino San Odilón, Francia. Su idea fue adoptada por Roma en el siglo XVI y de ahí se difundió al mundo entero.




En las Iglesias cristianas orientales
Entre los cristianos orientales hay varios días dedicados a la oración por los difuntos, muchos de ellos caen en sábado, durante el tiempo de la Cuaresma o Pascua. En el rito de la Iglesia Ortodoxa Griega, esta fiesta se celebra en la Víspera de la Sexagésima, o en la Víspera de Pentecostés, mientras que la Iglesia Armenia celebra la «Pascua de los difuntos» al día siguiente de Pascua de Resurrección.

En la Iglesia Serbia hay también una Conmemoración de los difuntos, celebrada el sábado siguiente a la fiesta de la Concepción de san Juan Bautista (23 de septiembre).




En la Iglesia anglicana
Durante la Reforma protestante, la celebración de los Fieles Difuntos fue fusionada con la de Todos los Santos por la Iglesia Anglicana, aunque fue renovada por ciertas Iglesias conectadas con el Movimiento de Oxford en el siglo XIX.

Entre algunos protestantes no anglicanos la tradición ha sido mantenida tenazmente. A pesar de la influencia de Lutero, que abolió esta celebración en Sajonia y de las penas eclesiásticas luteranas, sobrevive esta celebración en la Europa protestante.


Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente: wikipedia.org

jueves, 1 de noviembre de 2018

¿POR QUÉ SE CELEBRA EL 1 DE NOVIEMBRE EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS?



Instaurado por la Iglesia Católica a raíz de la Gran Persecución de Diocleciano
Este 1 de noviembre se celebra en España la festividad del Día de Todos los Santos. Esta fiesta de significación religiosa está rodeada de costumbres y tradiciones que se practican desde hace siglos. Algunas son comunes a toda España y otras varían por regiones y localidades.
En esta fecha es tradicional asistir a los cementerios para visitar las tumbas de los seres queridos que han fallecido. En muchos casos, incluso se acude con unos días de antelación para arreglarlas, de forma que a principios de noviembre estén en perfecto estado. El día 1 se engalanan con flores y se reza por los que ya se han ido.





El Día de Todos los Santos fue instaurado por la Iglesia Católica a raíz de la Gran Persecución de Diocleciano, a principios del siglo IV. Eran tantos los mártires causados por el poder romano, que la Iglesia señaló un día común para todos ellos, fueran conocidos o desconocidos.

Aunque en los primeros siglos varió la fecha, Gregorio III la fijó el 1 de noviembre en el siglo VIII (en respuesta a la celebración pagana del Samhain o Año Nuevo Celta, que se celebra la noche del 31 de octubre) y Gregorio IV extendió la festividad a toda la Iglesia en el siglo IX. Para los católicos españoles es una de las ocho fiestas de precepto anuales.

Día de todos los Santos: festivo con 'obligación'

Al ser un día en el que se veneran a todas las citas del santoral, la tradición le ha convertido en festivo y no laborable. Por lo general, las catedrales lo celebran exhibiendo las reliquias de los santos que tienen entre sus muros.

Pero también, según marca la Iglesia, es "de precepto para los católicos", lo que quiere decir que todos ellos deberán participar de la Santa Misa y acudir al Templo.

Antes del 'Día de los Muertos'

Que el Día de Todos los Santos se sitúe justo antes del Día de los Fieles Difuntos, al que tradicionalmente se le conoce como 'Día de los Muertos', tampoco es casual.

El 2 de noviembre es habitual visitar los cementerios para recordar a nuestros difuntos y "coronarlos" con flores. Al celebrar justo un día antes el Día de Todos los Santos, y ser preceptivo acudir a misa, la Iglesia se "garantizó" de esta forma que en el 'Día de los Muertos' todos los santos hubiesen sido venerados, así como que sus feligreses hubiesen rezado, confesado y comulgado recientemente. Las flores y las velas, son señas de identidad del Día de los Fieles Difuntos.

No sólo en España

Esta festividad no solo se celebra en España, sino que desde que el papa Gregorio IV la extendió a toda la Iglesia, como hemos dicho a mediados del siglo IX, se vive igual en todos los países de mayoría católica.

Así, al igual que en nuestro país, casi toda latinoamérica disfruta el día 1 de noviembre de un día festivo para venerar a sus santos antes del Día de los Fieles Difuntos.




Diferente en ortodoxos, anglicanos y luteranos

Con el transcurso de los años y los diferentes cismas que sufrió la Iglesia Cristiana, el catolicismo es la única que mantiene el día 1 de noviembre para celebrar el Día de Todos los Santos.

Por su parte, en la Iglesia Ortodoxa (la segunda iglesia cristiana con más fieles tras la Católica), en la Anglicana y en la Luterana o protestante; esta festividad se conmemora el primer domingo después de Pentecostés (la festividad religiosa que se celebra cincuenta días después de Pascua, en la que los cristianos conmemoran la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles).



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales
Fuentes: ecodiario.eleconomista.es

as.com

miércoles, 31 de octubre de 2018

¿EN QUÉ SE DIFERENCIAN EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS, EL DE LOS DIFUNTOS Y HALLOWEEN?



A finales de octubre y principios de noviembre se suceden tres días relacionados con la muerte, existen matices importantes que los distinguen.
El tema de la muerte se aborda el día de los difuntos desde un punto de vista religioso, pero también festivo.




En la noche del 31 de octubre se celebra Halloween, el primero de noviembre se conmemora el día de Todos los Santos y al día siguiente recordamos “a los fieles difuntos”. ¿Estamos refiriéndonos a lo mismo de forma distinta? ¿En qué se diferencian una fiesta de otra?
Los tres días orbitan alrededor de un tema común: la muerte. ‘Halloween’, como su propio nombre indica, es la víspera de todos los Santos (All Hallows’ Eve). Al atarceder del día 31, comienza a celebrarse la fiesta del día inmediatamente posterior, la de Todos los Santos.
El origen celta de esta fiesta y las costumbres de carácter secular y comercial -disfraces, fiestas, etc- han desprovisto a esta fiesta de su trasfondo religioso, aunque en ciertos ámbitos de la Iglesia Católica se lucha por su recristianización.
En buena parte de Occidente, la noche de Halloween aborda el fenómeno del miedo desde una perspectiva lúdica. Esto explica, por ejemplo, que estas fechas coincidan con estrenos de películas de terror o que aumente exponencialmente la venta de disfraces de monstruos, zombis, brujas, etc. Santos y purgatorio.




El día 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos según el calendario litúrgico de la Iglesia Católica, recuerda a todas las personas que se han salvado y están en el Paraíso, gozando de Dios.
Hay que puntualizar que este día no rememora sólo a aquellos personajes históricos que por sus virtudes o acciones extraordinarias fueron incluídos en el santoral, como Santa Teresa de Jesús, Santo Tomás de Aquino, San Juan Bosco o Santa Cecilia. La Iglesia celebra cada 1 de noviembre a todas las personas que se han salvado, también a aquellas anónimas que han muerto en paz con Dios a lo largo de todos los tiempos y que han llegado al Paraíso. Dicho de otra forma: la Iglesia católica reconoce como santos a todos los muertos que están con Dios, no sólo a los que ha sido propuestos como modelos de vida y están incluidos en el canon (lista de santos).




El día 2 de noviembre, festividad de los difuntos, o “día de muertos” como se conoce en México, también hunde sus raíces en la tradición católica. Se conmemora a todos los fieles difuntos, en el entendido de que no todos ellos están en el Paraíso. De acuerdo a la doctrina católica, hay personas que tras su muerte no van directamente al Paraíso ni al infierno, sino a un estado de purificación temporal conocido como Purgatorio.
Las almas del Purgatorio pueden considerarse salvadas porque tarde o temprano verán a Dios. Hacen penitencia por los pecados cometidos en vida para presentarse ante Dios con el alma completamente limpia.
El punto 1030 del Catecismo de la Iglesia Católica lo explica así:

"Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo".




La Iglesia enseña a sus fieles que pueden y deben rezar por las almas de Purgatorio, especialmente por las de sus familiares, para que Dios acorte ese tiempo de purificación al que están sometidos. Es una de las razones por las que recientemente ha recordado que los cuerpos deben descansar en un cementerio y que no se debe arrojar sus cenizas a otros lugares como mares, ríos o montañas. Los cementerios son lugares de oración por las almas de todos los difuntos, especialmente por las de quienes están enterrados allí.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales
Fuente: lainformacion.com