En el discurso de 1989 que dirigió en Fátima dio tres
claves para explicar la relación inseparable que hay entre la consagración al
Corazón de Jesús y la consagración al Corazón de María:
1. La
primera clave es que María tiene un papel imprescindible y central en la misión
salvadora de su Hijo. Dijo San Juan Pablo II: “En el corazón de María vemos
simbolizado su amor materno, su santidad singular y el papel central que ella
desempeñó en la misión redentora de su Hijo. En relación con el papel especial
desempeñado por Ella en la misión de su Hijo, la devoción al Corazón de María
tiene una importancia fundamental, ya que por amor a su Hijo y a toda la humanidad
Ella ejerce un papel único de instrumento para llevarnos a Él. El Acto de
Consagración al Corazón Inmaculado de María que hice solemnemente en Fátima el
13 de mayo de 1982, y que renové el 25 de marzo de 1984 con motivo de la
conclusión del Año Santo Extraordinario de la Redención se funda en esta verdad
sobre el amor maternal y el papel esencial de intercesión desempeñado por
María. Si nos dirigimos al Corazón Inmaculado de María, Ella con toda
seguridad, nos ayudará a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se
arraiga en los corazones de los hombres de hoy, y que con sus efectos
inconmensurables pesa sobre la vida presente, y da la impresión de cerrar el
camino hacia el futuro”.
2. La
segunda clave, como consecuencia de la anterior, resulta evidente: acudir a
María es acudir a Jesús. Sigue diciendo el Papa santo: “nuestro Acto de
consagración a María remite en último término al Corazón de su Hijo, pues, en
cuanto Madre de Cristo, Ella se halla totalmente unida a la misión redentora.
Como en las bodas de Caná, en las que dijo: Haced lo que Él os diga (Jn 2,5),
María orienta todas las cosas hacia su Hijo, que escucha nuestras oraciones y
perdona nuestros pecados. Así, al consagrarnos al Corazón de María, encontramos
un camino seguro hacia el Sagrado Corazón de Jesús, símbolo del amor
misericordioso de nuestro Salvador”.
3. En
tercer lugar, la consagración a María y la relación de amor que produce con
ella, cristifica nuestra vida, ya que como dice San Juan Pablo: “El acto de
encomendarnos al Corazón de Nuestra Señora establece una relación de amor con
Ella, pues le encomendamos todo lo que tenemos y todo lo que somos. Esta
consagración se realiza esencialmente mediante una vida de gracia, de pureza,
de oración, de penitencia acompañada por el cumplimiento de todos los deberes
del cristiano, y de reparación por nuestros pecados y por los pecados del
mundo”.
Concluyamos deseando todos ser cada vez más suyos:
Queridísima Madre, queremos consagrarnos a tu
Inmaculado Corazón, ser totalmente tuyos, hijos tuyos, para ser del todo de tu
Hijo. Para que tú formes en nosotros la imagen de tu Hijo, al igual que le
formaste en tu seno.
Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea, pues todo
un Dios se recrea, en tan graciosa belleza.
A ti, celestial Princesa, Virgen sagrada María, yo te
ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes
Madre Mía, hasta morir en tu amor. Amén.
Artículo
enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales
Fuente: Diócesis
de Getafe - Corazonada
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