viernes, 2 de noviembre de 2018

CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS





La Conmemoración a los Fieles Difuntos, generalmente llamada Día de los Muertos o Día de los Difuntos es una celebración que se realiza el 2 de noviembre complementando al Día de Todos los Santos, cuyo objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrenal y, especialmente, por aquellos que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.



La celebración de una fiesta dedicada a los difuntos persigue en la mayoría de culturas el objetivo de apaciguar a los muertos más recientes que vagan aún por la tierra sin encontrar el lugar de reposo (para la Iglesia Cristiana Católica ese lugar por el cual vagan se llama Purgatorio).

Las principales iglesias, Iglesias Cristianas Ortodoxas Occidentales, Unión de Utrecht (Iglesias), Comunión de Porvoo, así como Comunión anglicana y Iglesia católica acordaron tener el mismo calendario y días de celebraciones religiosas y santoral (siempre que en esa rama cristiana sea santo o beato esa persona), para facilitar las asistencia a sus feligreses a sus respectivas celebraciones (coincida con día festivos) (Semana Santa, Navidad...)





El Día de los Difuntos [...] el día designado en la Iglesia Católica hispana para la conmemoración de los difuntos fieles. La celebración se basa en la doctrina de que las almas de los fieles que al tiempo de morir no han sido limpiadas de pecados veniales, o que no han hecho expiación por transgresiones del pasado, no pueden alcanzar la Visión Beatífica, y que se les puede ayudar a alcanzarla por rezos y por el sacrificio de la misa. [...] Ciertas creencias populares relacionadas con el Día de los Difuntos son de origen pagano y de antigüedad inmemorial. Así sucede que los campesinos de muchos países católicos creen que en la noche de los Difuntos los muertos vuelven a las casas donde antes habían vivido y participan de la comida de los vivientes. tomo I, pág. 709
The American Encyclopedia dice:




Elementos de las costumbres relacionadas con la víspera del Día de Todos los Santos se remontan a una ceremonia druídica de tiempos precristianos. Los celtas tenían fiestas para dos dioses principales... un dios solar y un dios de los muertos (llamado Samhain), la fiesta del cual se celebraba el 1 de noviembre, el comienzo del año nuevo celta. La fiesta de los difuntos fue gradualmente incorporada en el ritual cristiano. tomo 13, pág. 725

El libro The Worship of the Dead (La adoración de los difuntos) señala a este origen al decir:
Las mitologías de todas las naciones antiguas están entretejidas con los sucesos del Diluvio [...] El vigor de este argumento está ilustrado por el hecho de que una gran fiesta de los muertos en conmemoración de ese acontecimiento se observa, no solo en naciones que más o menos se encuentran en comunicación entre sí, sino también en otras extensamente distanciadas, tanto por el océano como por siglos de tiempo. Además, todos celebran esta fiesta más o menos el mismísimo día en que, de acuerdo con el relato mosaico, tuvo lugar el Diluvio, a saber, el decimoséptimo día del segundo mes... el mes que casi corresponde con nuestro noviembre. Londres, 1904, Colonel J. Garnier, pág. 4
Por tanto, estas celebraciones en realidad comenzaron como una fiesta para honrar a personas que, debido a su maldad, habían sido destruidas por Dios en los días de Noé. (Gén. 6:5–7; 7:11.)




La práctica religiosa hacia los difuntos es sumamente antigua. El profeta Jeremías en el Antiguo Testamento dice: «En paz morirás. Y como se quemaron perfumes por tus padres, los reyes antepasados que te precedieron, así los quemarán por ti, y con el «¡ay, señor!» te plañirán, porque lo digo yo — oráculo de Yahveh» (Jeremías 34,5). A su vez en el libro 2° de los Macabeos está escrito: «Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados» (2 Mac. 12, 46); y siguiendo esta tradición, en los primeros días de la Cristiandad se escribían los nombres de los hermanos que habían partido en la díptica, que es un conjunto formado por dos tablas plegables, con forma de libro, en las que la Iglesia primitiva acostumbraba a anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar.




En el siglo VI los benedictinos tenían la costumbre de orar por los difuntos al día siguiente de Pentecostés. En tiempos de san Isidoro († 636) en España había una celebración parecida el sábado anterior al sexagésimo día antes del Domingo de Pascua (domingo segundo de los tres que se contaban antes de la primera de Cuaresma) o antes de Pentecostés.



En Alemania cerca del año 980, según el testimonio del cronista medieval Viduquindo de Corvey, hubo una ceremonia consagrada a la oración de los difuntos el día 1 de noviembre, fecha aceptada y bendecida por la Iglesia.

Adoptada por Roma en el siglo XIV pero que se remonta varios siglos atrás. Fue el 2 de noviembre del año 998 -otros autores fijan la fecha en 1030- cuando, en optó cerca del año 1000, en Milán se adoptó el siglo XII, hasta ser aceptado el 2 de noviembre, como fecha en que la Iglesia celebraría esta fiesta.




Celebración litúrgica en el Cristianismo

En la Iglesia católica
Para la Iglesia católica, se trata de una conmemoración, un recuerdo que la Iglesia hace en favor de todos los que han muerto a este mundo (fieles difuntos), pero aún no pueden gozar de la presencia de Dios, porque están purificando, en el purgatorio, los efectos que ocasionaron sus pecados.

Este día, los creyentes ofrecen sus oraciones (llamadas sufragios), sacrificios y la misa para que los fieles difuntos de la iglesia purgante, terminen esta etapa y lleguen a la presencia de Dios. Hay pues, una gran diferencia en la fiesta del día primero y el ambiente de oración y sacrificio del día dos.

Aunque la iglesia siempre ha orado por los difuntos, fue a partir del dos de noviembre del año 998 cuando se creó un día especial para ellos. Esto fue instituido por el monje benedictino San Odilón, Francia. Su idea fue adoptada por Roma en el siglo XVI y de ahí se difundió al mundo entero.




En las Iglesias cristianas orientales
Entre los cristianos orientales hay varios días dedicados a la oración por los difuntos, muchos de ellos caen en sábado, durante el tiempo de la Cuaresma o Pascua. En el rito de la Iglesia Ortodoxa Griega, esta fiesta se celebra en la Víspera de la Sexagésima, o en la Víspera de Pentecostés, mientras que la Iglesia Armenia celebra la «Pascua de los difuntos» al día siguiente de Pascua de Resurrección.

En la Iglesia Serbia hay también una Conmemoración de los difuntos, celebrada el sábado siguiente a la fiesta de la Concepción de san Juan Bautista (23 de septiembre).




En la Iglesia anglicana
Durante la Reforma protestante, la celebración de los Fieles Difuntos fue fusionada con la de Todos los Santos por la Iglesia Anglicana, aunque fue renovada por ciertas Iglesias conectadas con el Movimiento de Oxford en el siglo XIX.

Entre algunos protestantes no anglicanos la tradición ha sido mantenida tenazmente. A pesar de la influencia de Lutero, que abolió esta celebración en Sajonia y de las penas eclesiásticas luteranas, sobrevive esta celebración en la Europa protestante.


Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente: wikipedia.org

jueves, 1 de noviembre de 2018

¿POR QUÉ SE CELEBRA EL 1 DE NOVIEMBRE EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS?



Instaurado por la Iglesia Católica a raíz de la Gran Persecución de Diocleciano
Este 1 de noviembre se celebra en España la festividad del Día de Todos los Santos. Esta fiesta de significación religiosa está rodeada de costumbres y tradiciones que se practican desde hace siglos. Algunas son comunes a toda España y otras varían por regiones y localidades.
En esta fecha es tradicional asistir a los cementerios para visitar las tumbas de los seres queridos que han fallecido. En muchos casos, incluso se acude con unos días de antelación para arreglarlas, de forma que a principios de noviembre estén en perfecto estado. El día 1 se engalanan con flores y se reza por los que ya se han ido.





El Día de Todos los Santos fue instaurado por la Iglesia Católica a raíz de la Gran Persecución de Diocleciano, a principios del siglo IV. Eran tantos los mártires causados por el poder romano, que la Iglesia señaló un día común para todos ellos, fueran conocidos o desconocidos.

Aunque en los primeros siglos varió la fecha, Gregorio III la fijó el 1 de noviembre en el siglo VIII (en respuesta a la celebración pagana del Samhain o Año Nuevo Celta, que se celebra la noche del 31 de octubre) y Gregorio IV extendió la festividad a toda la Iglesia en el siglo IX. Para los católicos españoles es una de las ocho fiestas de precepto anuales.

Día de todos los Santos: festivo con 'obligación'

Al ser un día en el que se veneran a todas las citas del santoral, la tradición le ha convertido en festivo y no laborable. Por lo general, las catedrales lo celebran exhibiendo las reliquias de los santos que tienen entre sus muros.

Pero también, según marca la Iglesia, es "de precepto para los católicos", lo que quiere decir que todos ellos deberán participar de la Santa Misa y acudir al Templo.

Antes del 'Día de los Muertos'

Que el Día de Todos los Santos se sitúe justo antes del Día de los Fieles Difuntos, al que tradicionalmente se le conoce como 'Día de los Muertos', tampoco es casual.

El 2 de noviembre es habitual visitar los cementerios para recordar a nuestros difuntos y "coronarlos" con flores. Al celebrar justo un día antes el Día de Todos los Santos, y ser preceptivo acudir a misa, la Iglesia se "garantizó" de esta forma que en el 'Día de los Muertos' todos los santos hubiesen sido venerados, así como que sus feligreses hubiesen rezado, confesado y comulgado recientemente. Las flores y las velas, son señas de identidad del Día de los Fieles Difuntos.

No sólo en España

Esta festividad no solo se celebra en España, sino que desde que el papa Gregorio IV la extendió a toda la Iglesia, como hemos dicho a mediados del siglo IX, se vive igual en todos los países de mayoría católica.

Así, al igual que en nuestro país, casi toda latinoamérica disfruta el día 1 de noviembre de un día festivo para venerar a sus santos antes del Día de los Fieles Difuntos.




Diferente en ortodoxos, anglicanos y luteranos

Con el transcurso de los años y los diferentes cismas que sufrió la Iglesia Cristiana, el catolicismo es la única que mantiene el día 1 de noviembre para celebrar el Día de Todos los Santos.

Por su parte, en la Iglesia Ortodoxa (la segunda iglesia cristiana con más fieles tras la Católica), en la Anglicana y en la Luterana o protestante; esta festividad se conmemora el primer domingo después de Pentecostés (la festividad religiosa que se celebra cincuenta días después de Pascua, en la que los cristianos conmemoran la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles).



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales
Fuentes: ecodiario.eleconomista.es

as.com

miércoles, 31 de octubre de 2018

¿EN QUÉ SE DIFERENCIAN EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS, EL DE LOS DIFUNTOS Y HALLOWEEN?



A finales de octubre y principios de noviembre se suceden tres días relacionados con la muerte, existen matices importantes que los distinguen.
El tema de la muerte se aborda el día de los difuntos desde un punto de vista religioso, pero también festivo.




En la noche del 31 de octubre se celebra Halloween, el primero de noviembre se conmemora el día de Todos los Santos y al día siguiente recordamos “a los fieles difuntos”. ¿Estamos refiriéndonos a lo mismo de forma distinta? ¿En qué se diferencian una fiesta de otra?
Los tres días orbitan alrededor de un tema común: la muerte. ‘Halloween’, como su propio nombre indica, es la víspera de todos los Santos (All Hallows’ Eve). Al atarceder del día 31, comienza a celebrarse la fiesta del día inmediatamente posterior, la de Todos los Santos.
El origen celta de esta fiesta y las costumbres de carácter secular y comercial -disfraces, fiestas, etc- han desprovisto a esta fiesta de su trasfondo religioso, aunque en ciertos ámbitos de la Iglesia Católica se lucha por su recristianización.
En buena parte de Occidente, la noche de Halloween aborda el fenómeno del miedo desde una perspectiva lúdica. Esto explica, por ejemplo, que estas fechas coincidan con estrenos de películas de terror o que aumente exponencialmente la venta de disfraces de monstruos, zombis, brujas, etc. Santos y purgatorio.




El día 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos según el calendario litúrgico de la Iglesia Católica, recuerda a todas las personas que se han salvado y están en el Paraíso, gozando de Dios.
Hay que puntualizar que este día no rememora sólo a aquellos personajes históricos que por sus virtudes o acciones extraordinarias fueron incluídos en el santoral, como Santa Teresa de Jesús, Santo Tomás de Aquino, San Juan Bosco o Santa Cecilia. La Iglesia celebra cada 1 de noviembre a todas las personas que se han salvado, también a aquellas anónimas que han muerto en paz con Dios a lo largo de todos los tiempos y que han llegado al Paraíso. Dicho de otra forma: la Iglesia católica reconoce como santos a todos los muertos que están con Dios, no sólo a los que ha sido propuestos como modelos de vida y están incluidos en el canon (lista de santos).




El día 2 de noviembre, festividad de los difuntos, o “día de muertos” como se conoce en México, también hunde sus raíces en la tradición católica. Se conmemora a todos los fieles difuntos, en el entendido de que no todos ellos están en el Paraíso. De acuerdo a la doctrina católica, hay personas que tras su muerte no van directamente al Paraíso ni al infierno, sino a un estado de purificación temporal conocido como Purgatorio.
Las almas del Purgatorio pueden considerarse salvadas porque tarde o temprano verán a Dios. Hacen penitencia por los pecados cometidos en vida para presentarse ante Dios con el alma completamente limpia.
El punto 1030 del Catecismo de la Iglesia Católica lo explica así:

"Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo".




La Iglesia enseña a sus fieles que pueden y deben rezar por las almas de Purgatorio, especialmente por las de sus familiares, para que Dios acorte ese tiempo de purificación al que están sometidos. Es una de las razones por las que recientemente ha recordado que los cuerpos deben descansar en un cementerio y que no se debe arrojar sus cenizas a otros lugares como mares, ríos o montañas. Los cementerios son lugares de oración por las almas de todos los difuntos, especialmente por las de quienes están enterrados allí.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales
Fuente: lainformacion.com


domingo, 28 de octubre de 2018

¿SABÍAS QUE PUEDES GANAR INDULGENCIAS CON EL SANTO ROSARIO?








Mucho se ha escrito sobre el poder espiritual que tiene el Santo Rosario, pero tal vez algo poco conocido es la gracia de la indulgencia que se puede obtener con esta oración mariana, la favorita de San Juan Pablo II.


En su Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae (Rosario de la Virgen María, 37), el Papa peregrino escribió que “para fomentar esta proyección eclesial del Rosario, la Iglesia ha querido enriquecerlo con santas indulgencias para quien lo recita con las debidas disposiciones”.



Al respecto, la Concesión 17 del Enchiridion Indulgentiarum (Manual de Indulgencias) de la Penitenciaría Apostólica del Vaticano, indica que se concede indulgencia plenaria al fiel que “recite devotamente el Rosario mariano en una iglesia u oratorio, o en familia, en una comunidad religiosa, en una reunión de fieles y en general, cuando varios se reúnen para un fin honesto”.


Asimismo, la indulgencia plenaria se obtiene cuando el fiel “se una devotamente a la recitación de esa misma devoción cuando es hecha por el Sumo Pontífice y es difundida por medio de un instrumento televisivo o radiofónico. En otras circunstancias la indulgencia será parcial”.






En el caso de la oración vocal “debe añadirse la devota meditación de los misterios” y que en el rezo público, “los misterios deben enunciarse conforme a la costumbre aprobada en el lugar; pero en la recitación privada, basta que el fiel añada a la oración vocal la meditación de los misterios”.


La indulgencia plenaria se puede ganar una vez al día (excepto en peligro de muerte). Es posible obtenerla cumpliendo los requisitos generales que establece la Iglesia: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa. La indulgencia también se puede obtener para un difunto.Sobre los rosarios bendecidos por sacerdotes u obispos.



Por otro lado, el Beato Papa Pablo VI estableció en la Constitución Apostólica Indulgentiarum Doctrina (Doctrina de las indulgencias, Norma 17), que “el fiel que emplea con devoción un objeto de piedad (crucifijo, cruz, Rosario, escapulario o medalla), bendecido debidamente por cualquier sacerdote, gana una indulgencia parcial”.


“Y si hubiese sido bendecido por el Sumo Pontífice o por cualquier Obispo, el fiel, empleando devotamente dicho objeto, puede ganar también una indulgencia plenaria en la fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, añadiendo alguna fórmula legítima de profesión de fe”.






Emplear con devoción un objeto de piedad quiere decir rezar. Es como una profesión de fe llevar una cruz o hasta el Rosario.  Pero el Rosario en sí, más que la cosa concreta, es la oración. Entonces hay que rezarlo. De otra forma se presta a tener demasiada fe en el objeto y no en Dios… el objeto nos ayuda a comunicarnos, relacionarnos con Dios.


Por lo tanto, no basta con llevar el Rosario en el cuello, el bolsillo o el bolso para ganar la indulgencia parcial, sino que se tiene que usar para la oración, para acercarnos más a Dios en la propia vida.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente: aciprensa.com


miércoles, 24 de octubre de 2018

LAS TÉMPORAS


«Las Témporas -dice el Misal- son días de acción de gracias y de petición que la comunidad cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas, al reemprender la actividad habitual». La celebración ha sido fijada en España para el día 5 de octubre, pues su localización en el calendario e incluso su duración dependen de las Conferencias Episcopales de cada país, dada la disparidad de las estaciones. Nos estamos quejando de la sequía, aquí, en otros lugares de inundaciones, en otros de huracanes y catástrofes en transportes aéreos, etc. Nos urge, pues la oración, la invocación a la protección de los Santos con sus letanías, ¿por qué no acudimos a Dios para que libre a la humanidad de tanta calamidad? El día de las Témporas es un día propicio para esta oración colectiva. Y esto es lo que se propone este Reportaje. Hacer ver la importancia de este día y de esta plegaria.

Institución Antiquísima

Las Témporas, y las Rogativas, son una antiquísima institución litúrgica vinculada a las cuatro estaciones del año, para reunir a la comunidad, instando al ayuno y a la oración, para dar gracias a Dios por los frutos de la tierra y pedir su bendición sobre el trabajo de los hombres. Nacieron en Roma y se difundieron con la liturgia romana. Al principio se celebraban en otoño, invierno y verano, en los meses de septiembre, diciembre y junio. Por los sermones de San León Magno se conoce el significado de estas jornadas penitenciales. .

Léxicamente la palabra témpora significa tiempo de ayuno en cada una de las estaciones del año. Litúrgicamente en la ordenación anterior a la reforma del Vaticano II se celebraban las témporas correspondientes al inicio del invierno, de la primavera, del verano y del invierno. Era el tiempo designado también, junto con las plegarias, rogativas y ayuno, para conferir las Órdenes sagradas. Por ejemplo: Recibir, el Subdiaconado el 21 de septiembre, el Diaconado el 21 de diciembre y el Presbiterado el 31 de mayo, Vigilia de Pentecostés.

En la actual ordenación la iglesia celebra una sola vez al año el día de la acción de gracias. Es un día al final del verano en el que agradece los frutos de las cosechas, auque no se puede limitar este gesto elemental a un día determinado. En cada día y en cada momento hay motivos para dar gracias a Dios por el don de la vida. Dar gracias es un rasgo fundamentalmente cristiano y humano. La dialéctica humana funciona en términos de "doy para que me des", pero la dialéctica divina se cambia por estos otros: "Me has dado mucho y por eso te doy gracias". Dar gracias cuesta muy poco, pero si sale del corazón es la más noble expresión de un sentimiento humano.




Oración de alabanza

Dar gracias también por la enfermedad, ya que puede ocurrir que se necesite como medicina del espíritu y por eso hay que dar gracias también por la enfermedad. La oración de alabanza es la más excelsa, también la gratitud, debe salir del corazón. Eso agrada mucho a Dios, como lo demuestra en la queja de Jesús en el caso de los leprosos. De los diez leprosos, nueve de ellos quedaron curados, el décimo creyó y fue salvado. No es lo mismo curar que salvar. La curación se produce en el exterior. La salvación afecta a la totalidad de la persona. Uno de los diez leprosos se mostró agradecido y en ese gesto encontró la fe y la salvación. Los nueve restantes sólo encontraron la curación.

Nacieron en Roma

Las Témporas nacieron en Roma y se difundieron con la liturgia romana. Al principio tuvieron lugar en las estaciones del otoño, invierno y verano, en los meses de septiembre, diciembre y junio. Por algunos sermones de San León Magno se conoce el significado de estas jornadas penitenciales, que comprendían la eucaristía, además del ayuno. Pretender relacionarlas con cultos naturalistas pre-cristianos es pura imaginación, aunque es evidente su relación con la vida agraria, propia de aquellos tiempos. Las Témporas son un acercamiento mutuo de la liturgia y la vida humana, en el afán de encontrar en Dios la fuente de todo don y la santificación de la tarea de los hombres. Hoy, considerada la extensión de la Iglesia y su presencia en los pueblos más diversos, se imponía una revisión y una adaptación de esta vieja celebración litúrgica, que ya no tiene por qué ser agraria ni campesina únicamente, sino que puede ser muy bien urbana y cercana a las preocupaciones del hombre del cemento. Lo importante es que se viva y se celebre la obra de Dios en el hombre y con la ayuda del hombre; con un espíritu de fe y de acción de gracias del creyente, que sabe que lo temporal tiene su propia autonomía, pero sin romper con Dios y sin ir en contra de su voluntad salvadora: «Todo es vuestro; pero vosotros sois de Cristo, y Cristo, de Dios» (1 Cor 3,22).



Ciclo vital

La piedad popular está atenta al desarrollo del ciclo vital de la naturaleza: mientras se celebran las "témporas de invierno", las semillas se encuentran enterradas, en espera de que la luz y el calor del sol las haga germinar. Tiempo de súplica al Señor y de meditación sobre el significado del trabajo humano, colaboración con la obra creadora de Dios, realización de la persona, servicio al bien común, actualización del plan de la Redención. Coronarás el año con tus bienes, Señor, y serás la esperanza del confín de la tierra. Terminada la recolección de las cosechas y el periodo anual de descanso la Iglesia celebra las Témporas. Se convierte también en tiempo propicio para pedir ayuda al Señor para recomenzar de nuevo en las actividades del trabajo normal y en construcción de la vida interior de cada persona, su maduración en Cristo. Agradecer y pedir son dos modos de relacionarnos con Dios. Tenemos muchas necesidades, a la vez que hemos recibido mucho y lo debemos agradecer. Si no nos damos cuenta de lo que recibimos, no nos sentimos obligados a agradecer con amor.






La gratitud

Siempre podemos ofrecer nuestro agradecimiento que, si es sincero, basta. El que no es agradecido es sumamente pobre. Quien no da gracias a Dios es porque no está convencido de deberle nada. Pero a Dios se le debe todo. Un rabino daba gracias a Dios "por todo". - "¡Pero si no tienes nada!", le replicó otro que le oía. A lo que respondió: "Yo necesitaba la pobreza y Dios me la ha dado".

El camino de amor pasa por la gratitud: Lo recordaba al pueblo Moisés: “No te olvides del Señor. No sea que cuando comas hasta hartarte, cuando te edifiques casas hermosas y las habites, cuando críes tus reses y ovejas, aumentes tu plata y tu oro, y abundes de todo, te vuelvas engreído y te olvides del Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que te saco agua de una roca de pedernal”. La vida de Jesus es una continua acción de gracias al Padre. Cuando va a resucitar a Lázaro, habla con su Padre: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado”. Antes de le multiplicación de los panes, Jesús tomo los panes y, dando gracias, dio a los que estaban recostados, e igualmente los peces... En la institución de la Eucaristía, antes de pronunciar las palabras sobre el pan y el vino, el Señor dio gracias. Por eso podemos decir, según Juan Pablo II -que su oración, y toda su existencia terrena, se convirtió en revelación de esta verdad fundamental enunciada por la Carta de Santiago: Todo don bueno y toda dadiva perfecta viene de arriba, desciende del Padre de las luces... (Sant 1, 17)-. La acción de gracias es como una restitución, porque todo tiene en El su principio y su fuente. Demos gracias al Señor Nuestro Dios, decimos con la Iglesia en el centro de la liturgia eucarística. Nada hay más justo y necesario que dar gracias al Señor todos los días de nuestra vida, y el mayor agradecimiento a Dios es amar nuestra condición de hijos suyos. San Pablo dice a los paganos que, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias.





Motivos para dar gracias

Este año hemos recibido plenitud de dones del Señor: unos claros y visibles; otros, quizá más valiosos, han quedado ocultos: peligros del alma y del cuerpo de los que hemos sido librados; personas a las que hemos conocido y que tendrán una importancia decisiva en nuestra salvación; gracias y ayudas; acontecimientos que quizás hemos negativos, enfermedades, fracasos, veremos que han sido regalos de Dios. Nuestra vida entera es un bien inmerecido. Por eso las acciones de gracias deben ser continuas. En el Prefacio de la Misa, recordamos que es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo. ¡Dios mío, gracias! Y el alma se llena de paz, porque entiende que de aquello que parece poco grato o no deseable, Dios sacará mucho fruto. Este gracias es como el leño que Dios mostró a Moisés, que arrojado en las aguas amargas, las trocó en dulces (Ex 15, 25). Con la acción de gracias continua, la petición reiterada, porque son muchas las ayudas que necesitamos, sin las cuales no podremos seguir el camino del crecimiento.

Pedid y recibireis

Aunque el Señor nos concede muchos dones sin que se los pidamos, ha dispuesto concedernos otros si se los pedimos con la fuerza de la oración. Es necesario que pidamos, es preciso orar siempre y no desfallecer con la seguridad de que nuestras oraciones serán siempre atendidas. Dios mismo es garante de que todo lo que pidamos se nos concederá. “Pedid y se os dará, buscad y encontrareis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre”. Cuanto mas pedimos, más nos acercamos a Dios, más crece nuestra amistad con El. En la tierra, cuando hay que pedir un favor a un poderoso se busca un lazo que nos una a el, el momento oportuno, en que se encuentre de buen animo... Dios siempre está dispuesto a escucharnos. “¿Acaso si alguno de vosotros, si un hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto mas vuestro Padre celestial dará cosas buenas a los que se las pidan?.






Témporas de acción de gracias y de petición
Las Témporas de acción de gracias y de petición. Son celebraciones muy vinculadas al mundo agrícola, donde se agradece el fruto de las cosechas y se pone en manos de Dios el inicio del retorno a la actividad. También podemos verlas en la perspectiva de un nuevo curso tras el período vacacional.
En cualquier caso es una celebración que tiene un alto significado. En la primera lectura Moisés recuerda al pueblo que no debe olvidarse de Dios. La tierra que va a poseer, y que dará frutos abundantes, le ha sido concedida por el Señor. ¡Qué fácil es olvidarse de quien nos ha dado prosperidad!. Por eso dice Moisés: “Acuérdate del Señor, tu Dios: que es Él quien te da la fuerza para crearte estas riquezas”. La tentación, entonces y ahora, es pensar que todo lo conseguimos con nuestras propias fuerzas. Es la idea del progreso que, de vez en cuando, como la crisis en la que nos encontramos, empieza a hacer aguas. Por eso es tan conveniente dar gracias. Así recordamos todo lo que se nos regala.

Esta celebración nos lleva a “caer en la cuenta” de que vivimos en un mundo creado por Dios. Estamos tan acostumbrados a él y a todas las maravillas que contiene que lo olvidamos a menudo. También nos ayuda a “caer en la cuenta” de que con nuestras fuerzas podemos poco. El espejismo de nuestros logros (reales y a veces muy sorprendentes y provechosos), no debe hacernos perder de vista nuestra limitación.
Al mismo tiempo, como han insistido los últimos pontífices, y lo esta haciendo el Papa Francisco con especial vehemencia, hemos de procurar cuidar el mundo que Dios nos regala. Tenemos un encargo sobre la creación. Es un don, pero conlleva también una tarea. Hay una conciencia ecológica que proviene de ser cuidadosos con lo que Dios nos ha dado. Tratarlo con delicadeza, utilizándolo de manera responsable y abiertos a las necesidades de todos los hombres.



Por otra parte, en el Evangelio Jesús nos insiste en que debemos pedir. Cuando experimentamos que ya no llegamos más lejos; que estamos exhaustos; que somos incapaces de hacer las cosas mejor… nada está acabado. Podemos acudir a Dios. Esto es verdad respecto de nuestras necesidades materiales, pero también de las espirituales. El Papa Benedicto XVI en una de sus encíclicas, hablando de la esperanza decía que, en la oración, cuando ya nadie nos escucha sabemos que hay Alguien que sí lo hace: Dios. Y la oración es eficaz. Lo sabemos por experiencia.

San Pablo, en la segunda lectura se refiere a como Dios ha reconciliado todas las cosas consigo en Jesucristo. Este es otro aspecto importante. Nos coloca en la dimensión de que nuestro trabajo, nuestras fatigas, deseos y esperanzas, no sean mundanos. Que toda nuestra actividad sea acorde con el designio de Dios. Eso es posible porque Jesucristo se une a nosotros y nos reconcilia con Dios. De esa manera podemos enfrentarnos al quehacer diario sabiendo que permanece a nuestro lado.




Que la Virgen María nos ayude a contemplar el mundo como creado por Dios; a tener conciencia de nuestra condición de creaturas y a vivir todos los acontecimientos como hijos de Dios. Pidamos perdón por nuestras faltas, agradezcamos cuanto hemos recibido y no dejemos de acudir al Señor para que su gracia haga buenas nuestras obras.








Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales
Fuentes:
http://oracionyliturgia.archimadrid.org

catholic.net

domingo, 21 de octubre de 2018

RECOMENDACIONES PARA REZAR BIEN EL SANTO ROSARIO






Cómo se debe rezar el Santo Rosario



En este día mes dedicado a la Santísima Virgen María, una forma de honrarla y pedir su intercesión es a través del Santo Rosario.

Para lograr rezar el Santo Rosario hay que hacer algunas observaciones y sugerencias que, considero, vendrán a bien.

Precisamente San Luis María Grignon de Monfort dice que el Rosario encierra dos realidades: la oración mental y la oración vocal. 





Por medio de la oración mental meditamos en los misterios de la vida, pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo y de su Santísima Madre.

Y la oración vocal consiste en la recitación de cada una de las oraciones que forman el Santo Rosario.

Hay dos recomendaciones básicas para el rezo del Rosario:






1. Meditación



Si San Luis María Grignon dice que el rezo del rosario implica la meditación, no se entiende a una persona o un grupo de cristianos rezando el rosario a "mil por hora", con prisa. Hay rezos del rosario que se hacen tan de prisa que ni se pronuncian correctamente cada una de las palabras, se escucha como si fuera "matraca".



 Rezar meditando implica pensar o saber qué es lo que se va pronunciando, no como el perico que dice lo que sabe, pero no sabe lo que dice.

Nunca debe rezarse mecánicamente, sin pensar en lo que se va pronunciando.

Cada Ave María y cada  Padrenuestro es una rosa que colocamos sobre la cabeza de Jesús y María. Si lo hacemos con tanta prisa es como hacérselas "tiradas", "lanzadas", no colocadas con respeto, amor y devoción.

Cada letanía es como un "piropo" o un reconocimiento a tantas virtudes que tiene la Madre de Dios, pero a veces no ha terminado de decirse la letanía cuando el pueblo ya va terminando su respuesta.






2. Rezarlo en Comunidad o en Familia



"Familia que reza unida, permanece unida". En el mes de mayo es bonito y de mucho bien rezarlo en comunidad o en familia, no quedarse solo, aislado.

No significa que no sirva rezarlo solo, pero qué bien hace rezarlo en familia o en comunidad.



Qué bonito cuando en torno a un altar mariano la familia se reúne a determinada hora del día para rezar juntos, donde niños, jóvenes y adultos rezan unidos.

El rezo del rosario en comunidad otorga indulgencia parcial.



Que este mes honremos a nuestra Madre del Cielo con el Santo Rosario, bien rezado, bien meditado.





Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente: www.rcccbarrios.org