martes, 9 de marzo de 2021

CUARESMA 2021 ESTUDIANTES, GUARDIANES Y CUSTODIOS DEL MONSACRO

                   


 

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión que la Iglesia marca con el objetivo de que los creyentes se preparen para la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para el arrepentimiento de los pecados y para poder cambiar de hábitos y vivir más cerca de Cristo. La Cuaresma tiene una duración de 40 días. Comienza con la imposición de la ceniza en la misa del Miércoles de Ceniza –este año el 1 de marzo– y termina justamente antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, se hace un esfuerzo por recuperar el ritmo y el verdadero estilo de vida de los creyentes como hijos de Dios.


El Monsacro ya tiene quien lo guarde.





Los Estudiantes entregan a la iglesia de Santa Eulalia de Morcín el pergamino que acredita a la cofradía como custodia de las capillas.




 Reparto de Carteles y Calendario de LOS ESTUDIANTES en MÁLAGA.





En el día de hoy, 9 de marzo de 2021, ha comenzado el reparto de carteles y calendario de la Hermandad y Cofradía de Los Estudiantes de Oviedo en la capital de la Costa del Sol, la Ciudad de Málaga. El mismo se está llevando a cabo en la conocida tienda cofrade VALENTII VELAS, que es regentada por Dª. Valentina Inmaculada Frey, quien además es Hermana de Los Estudiantes de Oviedo.


Recoge el Calendario de la Hermandad de Los Estudiantes,  Dª. Ana, de la popular Hermandad de LOS GITANOS de Málaga.


D. Pedro de la Hermandad del DESCENDIMIENTO de MÁLAGA



D. Emilio de la Junta de Gobierno de MEDIADORA de Málaga, 
con su calendario de Los Estudiantes de Oviedo.



Charcutería la "Mallorquina " un referente en MALAGA




Ignacio de la Cofradía del Huerto.( MALAGA)




el "saboni" de la Cuarentuna Malaccitana






Cofrades de MALAGA  con el Calendario de Estvdiantes





Diego de la Hermandad de la TRINIDAD de Málaga




Artículo enviado por:



Jesús Manuel Cedeira Costales.



Fuentes:


FACEBOOK "VALENTII VELAS"

https://www.lne.es/oviedo/2021/03/09/monsacro-guarde-39744343.html


https://elcorreoweb.es

domingo, 7 de marzo de 2021

CARTAS DE ESPERANZA 7 DE MARZO DE 2021

 



7 de marzo de 2021

 

Hermano:

 

«Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»

«Soy dueño de mi historia, no esclavo de mis propias heridas que manejan a su antojo mi estado de ánimo. Esa libertad para elegir cómo vivo el ahora es lo que marca mi camino»

El Principado ha recibido ya 8.284 solicitudes.

La hostelería y el turismo solicitan 37,5 millones en ayudas del fondo covid.

El número de hospitalizaciones vuelve a superar al de altas.

Asturias baja de los 100 contagios diarios por coronavirus casi dos meses después pero suma otros siete fallecidos.

No quiero que mi pasado determine mi futuro. Que mis heridas de amor me impidan volver a amar por miedo a ser de nuevo herido. Que las decisiones tomadas un día marquen el camino sin poder enmendar la ruta. No quiero depender demasiado de lo que ya he sufrido. Sé que lo que me han hecho me influye a la hora de enfrentar el futuro. Aumenta la confianza o despierta el miedo. Y lo que he hecho también tiene su peso en mi forma de enfrentar nuevas decisiones. Todo, las acciones y las omisiones, los logros y las carencias, influyen en mi vida, impactan en la vida de las personas que me rodean. Decía Jean Paul Sartre: «Libertad es lo que uno hace con lo que le han hecho». Soy más libre cuando sé qué hacer con aquello que he recibido como parte de mi pasado. Me pesa, me duele, lo guardo con rencor, lo acaricio con dolor. El pasado y lo que me han hecho, lo que he sufrido, tiene un peso inmenso en mi alma. Eso no lo puedo cambiar. Porque los días pasados no vuelven. Ni se presenta ante mí esa misma oportunidad que un día tuve de elegir, de amar o dejar pasar, de odiar o hacer el bien. Pasó esa hora, ese minuto exacto. Pasó el momento que me dio Dios para cambiar mi historia. Y ahora entonces sólo me queda el presente que toco con manos temblorosas y frágiles. Puedo volver a amar después de haber sido herido. Puedo volver a hacer daño después de haber sido perdonado. Puedo volver a fallar después de haber prometido que nunca de nuevo volvería a suceder. Pero sucede, porque yo lo elijo y mi promesa cae al vacío del olvido. Puedo ser libre eligiendo lo que quiero vivir y hacer. Puedo elegir amar cuando no he recibido amor. Y puedo dejar de hacerlo al dolerme tanto la herida del desamor. De mí depende. Sé que cuando soy valorado, querido, amado, respetado, enaltecido, el poder de ese amor me salva, me sana por dentro, me alegra y capacita para enfrentar los más duros momentos de la vida. El amor sana el alma y el cuerpo. El amor me ayuda a vencer una enfermedad de muerte. Y logra sacarme de la depresión que me amenaza con hacerme perder el rumbo. El amor que espera a la puerta de un campo de concentración es el acicate que levanta el ánimo de los presos durante la segunda guerra mundial en Alemania. Porque si alguien espera mi regreso merece la pena sobrevivir para llegar a verlo. Las palabras de Nietzsche son muy claras: «El que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo». «Siempre que se presentaba la menor oportunidad, era preciso infundirles un porqué, un objetivo, una meta a sus vidas, con el fin de endurecerles para soportar el terrible cómo de su existencia». Y normalmente el motivo de mi existencia es el amor. Ese amor que doy y ese amor que recibo. El desprecio, la indiferencia, o el olvido abren una herida profunda en el alma. Tengo claro que no saberme amado me hiere y enferma por dentro. Pierdo la fortaleza y no sé enfrentar los problemas. El amor se juega en presente. No necesito que todos me quieran. Que el mundo me quiera. La admiración no siempre va unida al amor. Sin admiración no hay amor, eso está claro. Pero no necesariamente amo a quien admiro. Hay personas cuya vida me parece admirable, pero no las amo. Las admiro de lejos. La admiración que desemboca en el amor es la que sucede en las cortas distancias. Admirar al que veo de cerca no es tan sencillo. Porque de cerca no sólo aprecio lo bello, también resalta lo vulgar, lo feo, lo menos noble de la persona amada. Y puedo, con el paso del tiempo, dejar de admirarlo. La admiración es algo mágico. Admiro lo que no poseo, lo que es distinto a lo que yo tengo, lo que es noble porque brilla. El problema del amor hecho rutina es que la vida se juega en lo cotidiano. Y ahí quizás hay más razones para la condena y el desprecio que para la admiración. Y el peligro entonces es que al faltar la admiración deje de amar. Y comienzan así el desprecio y la indiferencia a apoderarse de mi alma. El amor es la raíz de mi vida. Es lo que me levanta cada mañana y me lleva a luchar. El amor matrimonial. El amor filial. El amor a un padre o a una madre. El amor de un amigo, o de un hermano. Ese amor que doy y recibo de forma incondicional. Doy gracias a Dios por poder palpar ese amor en mi vida. Por los amores concretos que me levantan. El amor sana siempre el alma. Soy libre para actuar siempre desde el amor que guardo en mi corazón. En lugar de quedarme atado a rencores y desprecios sufridos. Soy dueño de mi historia, no esclavo de mis propias heridas que manejan a su antojo mi estado de ánimo. Esa libertad para elegir cómo vivo el ahora es lo que marca mi camino.

Tengo claro que mis amigos, las personas más cercanas, las que viven cerca de mí, son las que más influyen en mí. Me han marcado, han dejado su poso dentro de mi alma. Quiero mirar mi historia y mi presente. Y pienso en los que me rodean. ¿Me apoyan o me limitan? ¿Le suman o le restan energía a mi corazón? ¿Me alegran o me amargan y entristecen? ¿Me hacen ser positivo o vivir lleno de quejas? ¿Me liberan de mis ansiedades y miedos o más bien me limitan haciendo que renuncie a una parte importante de mí para ser acogido? ¿Me hacen sentir orgulloso de quien soy o vivo defendiéndome y ocultándome para evitar su juicio? ¿Me animan a luchar y a ser yo mismo o vivo siendo criticado por ellos en todo lo que hago? Me gustaría pensar en las personas a las que amo. En mis amigos, en mis hermanos. En mis padres, en mi novio, en mi novia. En mi cónyuge, en mi compañero de trabajo. Son los más cercanos los que tienen acceso a mi vida por dentro. Pero a menudo no tengo a nadie con quien compartir mi mundo interior, mis emociones, mis sentimientos, mis miedos e ilusiones. Mis aventuras del pasado. No hay nadie a quien pueda contarle todo, incluso mis pecados más íntimos, sin recibir un juicio. Alguien a quien pueda abrirle mi corazón y contarle lo que me ocurre por dentro. Lo que estoy viviendo tal vez sin que él lo sepa. «El hombre que crece sanamente necesita un organismo sano de vinculaciones. Cuando le falta, el hombre se enferma, y el mundo de hoy está muy enfermo» . Vivo en un mundo enfermo en los vínculos. Las heridas de amor me incapacitan para el amor sano y hondo, auténtico y puro. Las personas cercanas a mí tienen un rol en mi vida, un peso en mi alma. ¿Me gustan las personas que me rodean, me hacen bien, me ayudan a crecer? ¿Y yo? ¿Les ayudo a crecer, son mejores personas gracias a mí? El otro día escuchaba una pregunta: «¿Con quién estás cuando mejor estás?». Hay personas que me acogen como soy, me tratan enalteciéndome, me levantan cuando caigo, me sostienen en mi debilidad. Esas personas son las que me hacen creer en mí mismo, en mis capacidades, en mi valor. Valgo por lo que soy, por lo que tengo dentro de mí. Y sé que necesito a personas que me ayuden a ser mejor, más hondo, más valiente, más grande, más libre, más sencillo. Quiero ampliar el círculo de personas positivas que me ayudan a crecer. Yo elijo. Muchas personas llegan ante mí sin yo buscarlas. Pienso en todos aquellos que Dios pone en mi camino. Me está pidiendo algo a través de estas personas. Me está ayudando así a ser la mejor versión de mí mismo. ¡Qué importantes son los vínculos que me construyen por dentro! Un mundo sano en sus vínculos. Un entramado de lazos que me llevan en definitiva hasta el corazón de Dios. «El hombre actual necesita un tiempo mucho más prolongado para alcanzar una sana vinculación a personas y a lugares. Primero debemos preparar el terreno para un sano amor a los hombres y a Dios. Este amor a los hombres es presupuesto y hasta coronación de un auténtico y profundo amor a Dios» . Una red sana de vínculos me lleva a un amor hondo y cálido a Dios. En relaciones sanas y profundas veo a Dios oculto hablándome, acogiéndome. Pienso en los vínculos que tengo. En los que se han frustrado. En los que están heridos. ¿Qué estoy haciendo por curarlos y sanarlos en este tiempo de pandemia que vivo? ¿Qué pasos estoy dando para cuidar a las personas que Dios ha puesto en mi camino? Las personas me pueden hacer un bien con su presencia o pueden limitarme. ¿Y yo? Yo también puedo producir el mismo efecto en los que amo. Puedo limitarlos. Puedo bloquearlos con mis juicios y presiones. Puedo quitarles la paz y la calma con mis críticas y exigencias. Puedo hacer que sean mejores personas y vean la belleza que tienen escondida en su interior. Puedo ser el espejo en el que vean reflejada su mejor versión. Quiero elegir cada día a mis amigos, a las personas que quiero. Opto por ellos de nuevo y cuido esos vínculos cercanos que por distintos motivos he descuidado. Mando mensajes de cariño deslavados. No les cuento lo que de verdad estoy viviendo en mi corazón. Tengo miedo de sus juicios y me asusta no ser comprendido y aceptado. Vivo escondiendo quién soy de verdad a los que más me importan. ¿Están sanos esos vínculos que me sostienen?

Me gustan los días de sol, no esos días grises que contagian nostalgia y tristeza. Me gusta la cuaresma alegre y llena de luz, como comenta el Papa Francisco: «El itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo». Soy de esos que desean seguir a Cristo. Soy de los que tienen una decisión tomada en el alma, aunque luego cueste ser fiel o mantenerse en lo decidido. Soy un poco volátil, como esos vientos que llevan la hoja caída en otoño donde quieren, sin respetar sus deseos. A veces no sé quién habita dentro de mí y parece desear lo que yo mismo no deseo. Y lo que digo que quiero parece no querer hacerlo. Y me veo viviendo como quien no quiero. Y pensando como no quiero pensar. Esa doble realidad en mi propia alma me escandaliza. Somos dos habitando la misma piel. O tal vez mi yo verdadero no es capaz de mantenerse en pie ante la presión del mundo. Y cae de repente sobre la tierra desbaratado en mil deseos confusos e hirientes. Quisiera que amaneciera siempre el sol en mi alma. Y reconocerme a mí mismo en ese deseo inconfundible de seguir siempre a Jesús por los caminos. Es lo que más quiero. Es lo que deseo. El alma vive apasionada por un fuego que arde en ella. Y de repente la conducen fuegos pequeños que la confunden. Y no soy yo mismo el que sigue al Señor, sino que sigo otras cosas que no son Él, aunque me gustaría que lo fueran. Pero me engaño. Digo que quiero una cosa y hago justamente la contraria. Tanta confusión de mi alma me incomoda. Quisiera ser más cuerdo y sereno. Más firme en mis pensamientos y menos voluble. Atisbo al final del día una luz que no me engaña, estoy hecho para la vida, no para la muerte. Es el amor la fuerza que mueve mi ser en todos los sentidos. No he nacido para el odio ni para vivir anclado en la ira. No soy un depravado que sólo desee la muerte y tan solo busque el interés propio. No soy tan egoísta ni tan falso. Pero yo mismo me sorprendo haciendo lo que no quiero, soñando lo que no deseo y viviendo la vida que no he buscado. Tantas incongruencias me afectan. Quizás en mi pasado hay grietas que han dejado incompleta mi historia. O tal vez el demonio con su oscuridad ha pretendido acabar con mi paciencia. Como dice una canción: «Hay una rajadura en todo; así es como entra la luz» . Por esas grietas entra la luz en mi alma. Y sostienen mi caminar confuso por la vida. Ahora sólo sé que quiero comenzar de nuevo cada mañana y emprender la aventura audaz de intentar ser yo mismo. Fiel a la luz que surge de mi alma. Fiel a la melodía que yo mismo entono sin saberlo. Es tan cálido el día en el que sé que soy amado que vuelvo siempre a él para no olvidarme. Estoy hecho para el cielo y la luz de la Pascua guía mis pasos oscuros. Pero creo que busco egoístamente a Dios. Busco el consuelo de Dios y no busco al Dios del consuelo. Es muy diferente. Busco sentir la luz, busco tocar el calor y eso no siempre ocurre. «Dios huye, nos retira sus consuelos, se cubre de oscuridad. Es como si realmente huyera de nosotros. Viéndolo con claridad hemos de reconocer que se trata de la huida del amor. El saborear con gran sentimiento su amor se hace así menos frecuente y más breve. Nuestra alma se ve sumergida en desconsuelo. Por esa razón, se encuentra en el peligro y la tentación de volver la espalda a Dios, que ya no se deja ver ni sentir, y de acabar pronto la relación con Él» . No quiero ser egoísta en mis búsquedas. No pretendo sentir siempre y tocar esa consolación que sacia mi alma intranquila. En mi oscuridad camino por el desierto de la Cuaresma. Dios sabe lo que me conviene, lo que me hace falta. Dios sabe lo que me hace bien, lo que me sirve. Eso me basta. No necesito la consolación para seguir caminando. Soy hijo de la luz, hijo del día. Y paso por la noche con la esperanza grabada en la frente, en una forma de cruz de ceniza. Y me recuerda ese beso de Jesús que soy suyo y le pertenezco. ¿Por qué tengo tanto miedo a veces? Como si todo dependiera de mí, la vida y la muerte. La perfección y los fracasos. La virtud y los pecados. Como si todo estuviera en mi mano y yo fuera el dueño de esta vida tan frágil. Esos sentimientos me llenan de oscuridad y acaban con la luz. En una lucha torpe por llegar al cielo. Tengo claro que es Él quien me conduce, me salva y me levanta. Es Él quien construye aunque no sienta nada, aunque no logre encontrar el sentido a todo lo que me pasa. Dios es la luz que se esconde en mis sombras. Aunque no encuentre los consuelos que busco desaforadamente. Amanecen días grises y el sol escondido entre las nubes me inquieta. Pero no me importa, yo confío en esta Cuaresma, creo en esa luz de Pascua que lucha por imponerse al final del camino. Siempre hay una luz que anuncia el final de algo y un nuevo comienzo. Sé que estoy hecho para cosas grandes aún sintiendo que no puedo hacer ni lo más pequeño. Me basta su gracia, su luz y su sombra cubriendo mi alma. Me tiene Dios guardado en el hueco de su mano.

Las promesas se hacen cuando uno no duda de poder llevarlas a cabo. Prometo lo que creo que voy a poder vivir, hacer, amar y conseguir. Me impresiona mucho un sí dado para siempre por los novios ante el altar. O el compromiso para siempre de un sacerdote, de un consagrado. El sí para siempre de una monja de clausura. El sí para siempre que pronuncia una persona o un matrimonio cuando deciden comprometerse más por Dios en su camino de vida. La palabra siempre es la que me impresiona. ¿Cómo puedo medir el siempre, lo permanente cuando yo soy tan finito? Una promesa de cumplimiento. O el compromiso de hacer realidad lo que todavía es sólo un sueño. Por eso me gustan las personas que prometen lo que cumplen. Y me duelen las promesas vacías de credibilidad. Cuando se anuncian tiempos y plazos que luego se incumplen con mucha liviandad. Me duele la frivolidad en el compromiso. Mejor no prometer lo que no voy a cumplir. Es cierto que cuando hablo de un compromiso de toda la vida donde el siempre está presente sólo cabe hacerlo cuando me entrego en las manos de Dios y confío en su poder. Porque yo he tocado demasiadas veces el dolor de mi infidelidad. He tropezado, he caído, he fallado, he incumplido. ¿Cómo lograr lo imposible sin una gracia del cielo? Me duele la fragilidad de mi voluntad, el poco ánimo de mi esfuerzo y la torpeza para llegar a la meta que forma parte de la misma promesa. Por mi lado siempre encuentro el barro. En mis manos siempre acaricio el pecado y la tentación. Por eso me gustan más las promesas de Dios, esas que me hace a mí susurrando con calma dentro de mi corazón. Me dice que lo va a hacer posible. Me lo dijo a mí un día al ungir mis manos, al bendecirme en mi sí frágil e inconstante. Lo vuelve a hacer siempre de nuevo. Las palabras de Dios se hacen vida, no fallan. Quizás sí es confusa la forma cómo llegará a hacerlas realidad en mi carne. Porque yo me imagino un camino y Dios me muestra otro. Así le pasó a Abrahán con su hijo Isaac. Le había prometido Dios una herencia innumerable como las arenas de la playa o las estrellas del cielo. Y él lo había creído y lo había dejado todo, su tierra, sus dioses, por seguir su palabra. Y cuando al fin pone en sus manos un hijo de Sara, en ese momento, Dios le pide lo imposible: «En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo: - Abrahán. Él respondió: - Aquí estoy. Dios dijo: - Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Moria y ofrécemelo allí en holocausto en uno de los montes que yo te indicaré». Le pide que le entregue a su único hijo, que lo mate, que lo ofrezca en sacrificio. En Moria tiene lugar un momento sagrado en la vida de Abrahán. Siempre me ha gustado peregrinar a Moria a entregar a mi hijo. Porque el hijo es la forma concreta a la que me aferro para que se haga realidad la promesa que me ha hecho Dios. Me creo que es el único camino posible. Y no veo otra forma de hacer vida en mí lo que me ha prometido. Subo con Abrahán y ese hijo incauto que no sabe nada de su destino. Y hago lo mismo que él hace: «Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo». Lo importante es la promesa, no me olvido. Dios me ha prometido que mi vida será plena, que me sabré amado y amaré. Pero yo creo que mi forma es la forma correcta, mi camino es el adecuado. Y me aferro a mi hijo, a lo que tengo ahora. Y le grito a Dios que me deje tenerlo, cuidarlo, amarlo. Es el cumplimiento de la promesa. Es mi plan, es mi manera. La que se ha hecho visible a lo largo del tiempo. Pero veo que me he apegado a lo mío, a lo que yo creo que es lo mejor. He puesto en mi voluntad el deseo de Dios. He divinizado mi camino como si esa forma fuera la única posible. He hecho de mi lugar, de mi cargo, de mi estado actual, de mis formas, la única manera de ser fiel a la promesa. ¿Y si me estoy equivocando? Por eso me viene bien hacer el ejercicio de subir a Moria a ofrecer sobre el altar a mi hijo, mi obra, mis sueños, mis formas, mis deseos y así liberarme. Los entrego todos de rodillas con el cuchillo en la mano. Si los quiere Dios que los tome ahora, se los entrego. Varias veces en la vida lo he hecho y eso me ha hecho más libre. Sé que tengo que volverlo a hacer cada vez que siento que estoy siendo el dueño de mi vida sin dejar que Dios reine, mande en mi corazón. Yo y mis maneras, yo y mis planes. Aprender a dejar en Moria mis deseos me hace más libre. De rodillas le digo: «Aquí estoy». Como lo hace Abrahán. Estoy para hacer realidad el deseo de Dios. Para que sea posible su promesa en mi vida pero según sus formas, no según la mía. Y le sonrío. Y Él me sonríe. En ocasiones lo ha tomado en sus manos y me ha mostrado otra forma, otro camino. Otras veces simplemente ha dicho en mi corazón lo que le dijo a su siervo: «El ángel le ordenó: - No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo. Te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa». Y ha repetido otra vez esa promesa de plenitud que salva mi vida. Me lo repite. Me dice que me ama, que soy suyo y que mi descendencia será bendita. Y entonces puedo bajar de Moria ya tranquilo. Me he liberado. Ya no tengo miedo a perder lo que ahora poseo. El camino concreto que recorro. El sueño que enciende mi alma. No vivo apegado a mis formas. Dios sabe más y me quiere por encima de todos mis deseos y anhelos. Y será siempre fiel a su promesa. Eso no lo dudo. Dios me ama para siempre, de forma predilecta. Eso me basta y consuela y eleva mi alma hasta el cielo.  

 

 

 

Enviado por:

 

 

 

Jesús Manuel Cedeira Costales.

 

sábado, 6 de marzo de 2021

EL AGUADOR

  



El tercer domingo de Cuaresma se caracteriza por el célebre diálogo de Jesús con la mujer samaritana. La mujer iba todos los días a sacar agua de un antiguo pozo, que se remontaba a los tiempos del patriarca Jacob, y ese día se encontró con Jesús, sentado, “cansado del camino” (Jn 4, 6). San Agustín comenta: “Hay un motivo en el cansancio de Jesús… 




La fuerza de Cristo te ha creado, la debilidad de Cristo te ha regenerado… Con la fuerza nos ha creado, con su debilidad vino a buscarnos” (In Ioh. Ev., 15, 2). El cansancio de Jesús, signo de su verdadera humanidad, se puede ver como un preludio de su pasión, con la que realizó la obra de nuestra redención.

 

 





En particular, en el encuentro con la Samaritana, en el pozo, sale el tema de la «sed» de Cristo, que culmina en el grito en la cruz: “Tengo sed” (Jn 19, 28). Ciertamente esta sed, como el cansancio, tiene una base física. Pero Jesús, como dice también Agustín, “tenía sed de la fe de esa mujer” (In Ioh. Ev., 15, 11), al igual que de la fe de todos nosotros. 




Dios Padre lo envió para saciar nuestra sed de vida eterna, dándonos su amor, pero para hacernos este don Jesús pide nuestra fe. La omnipotencia del Amor respeta siempre la libertad del hombre; llama a su corazón y espera con paciencia su respuesta.

 


Hay un mítico personaje «semanasantero» que es el aguador, la persona encargada de portar agua para dar de beber especialmente a los sedientos costaleros que levantan el paso, pero con el calor que está haciendo muchos nazarenos también necesitan un poco de agua para reponerse y continuar el camino.



 


Traemos una de las figuras que solamente vemos cuando tenemos la suerte que se arrié un paso delante de nosotros, es la figura del aguador que durante su historia ha ido evolucionando y cambiando.


 


Vienen de los antiguos aguadores que repartían agua por toda la ciudad. Estos personajes son los encargados de repartir agua a la cuadrilla, que estos llaman "aguaó", como a cualquier persona del cortejo que lo precise.




Antiguamente vestían de chaqueta blanca (diferenciaba a los cofrades de la hermandad) cargados con un botijo y tazas de metal.

 


Hoy en día portan garrafas de plásticos en muchos casos, en otros ni existe esta figura portándolo los costaleros llamados picos o reservas que portan durante la estación el agua.




Dato curioso, si alguno ha probado el agua de esta garrafa viene mezclado con anís, según se comenta quita mucho mejor la sed aromatizado con anís.

 


Este personaje se suele dejar actualmente para costaleros retirados donde desde una zona privilegiada pueden observar el transcurrir de su Cristo o Virgen.

 

 


 

Enviado por:

 

Jesús Manuel Cedeira Costales.

viernes, 5 de marzo de 2021

Nota sobre las celebraciones de Semana Santa en 2021




Después de un año entero, nuestro mundo sigue afrontando la lucha contra la pandemia del COVID-19 y sus consecuencias, auténtico drama que ha afectado a casi todas las dimensiones de la vida de las personas.
La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos nos recuerda que la pandemia también ha influido en la vida litúrgica de la Iglesia, y que “las normas y directrices contenidas en los libros litúrgicos, concebidas para tiempos normales, no son enteramente aplicables en tiempos excepcionales de crisis como estos”[1].
De cara a las celebraciones de la Semana Santa y del Triduo Pascual, en este año 2021, que por segunda vez se desarrollan estas circunstancias difíciles, la Comisión Episcopal para la Liturgia de la Conferencia Episcopal Española quiere acoger las indicaciones de la Congregación para dichas celebraciones, publicadas en la Nota para los Obispos y las conferencias episcopales sobre la Semana Santa 2021, del pasado 17 de febrero.
Se ha hecho un esfuerzo para adaptarlas a la realidad y circunstancias de nuestro país, y ofrecerlas a los Obispos de España, máximos responsables y moderadores de la vida litúrgica en sus respectivas diócesis, como instrumento y orientación para vivir el momento central del Año Litúrgico y de la vida de la Iglesia.  
Con esa finalidad, y teniendo en cuenta la situación de la pandemia en España en este año 2021, se proponen a continuación las siguientes observaciones de carácter general y las de cada una de las celebraciones de la Semana Santa y del Triduo Pascual.


a) Observaciones de carácter general.
Siempre que sea posible, desde un discernimiento responsable que ha de hacer cada fiel, se recomienda la participación presencial en la celebración, formando parte activa de la asamblea.
Aquellos fieles que, por razón de edad, enfermedad, o de prudencia sanitaria, no puedan participar presencialmente en las celebraciones, síganlas por los medios de comunicación[2].
En todas las celebraciones se deberán respetar las normas emanadas de las autoridades sanitarias en la lucha contra el virus: el aforo de los templos, las recomendaciones sanitarias e higiénicas para hacer de los lugares de culto espacios sanos y seguros, el uso de la mascarilla, disponibilidad de gel hidroalcohólico, distancia social, ventilación de los espacios, etc.
Prepárense con sumo cuidado las celebraciones, eligiendo bien las alternativas que propone la Liturgia y acogiendo de buen grado las indicaciones para adaptarlas a este tiempo de pandemia.
En las distintas celebraciones se ha de reducir al mínimo necesario el número de ministros que intervienen –acólitos, lectores, etc.–, sin que ello desdiga de la dignidad de la celebración.
El canto no está prohibido, siempre y cuando no exista alguna indicación expresa de las autoritarias sanitarias y se haga con las medidas de precaución adecuadas –uso de mascarilla en todo momento y distancia de seguridad entre las personas–. No es aconsejable el canto o la música grabados.
Evítese la distribución de subsidios para el canto en soporte de papel, o cualquier tipo de folleto explicativo de la celebración, por el riesgo que conllevan ante un posible contagio.
Instrúyase a los fieles para recibir la comunión de manera segura y ordenada, atendiendo a las disposiciones del Obispo diocesano, procurando que este gesto central de la celebración se haga de la mejor manera posible.
Para el bien de los fieles, en el caso de que los aforos permitidos en las iglesias sean un grave problema para la participación, el Obispo diocesano puede autorizar a que se hagan varias celebraciones en el mismo templo en horas sucesivas, siempre y cuando esto se haga verdaderamente para utilidad de los fieles y en circunstancias de real necesidad.
De cara a que los enfermos y las personas en confinamiento o de alto riesgo puedan seguir las celebraciones desde sus casas, se anima a que sean retransmitidas las presididas por el Obispo en la catedral, como signo de unidad de la diócesis. Procúrese que estas celebraciones sean verdaderamente ejemplares en su preparación y desarrollo. Se excluyen, en cualquier caso, las grabaciones en diferido de las mismas.
Cuando no se puedan realizar las celebraciones con participación del pueblo, ofrézcase a los fieles la posibilidad de celebrar la Liturgia de las Horas, especialmente las Laudes y las Vísperas de cada día y el Oficio de Lectura. A tal efecto el subsidio La Hora de Jesús, que contiene los textos de las celebraciones de la Semana Santa y que incluye también la Liturgia de las Horas para estos días, puede ser un instrumento muy útil. También se recuerda que se puede hacer uso de la aplicación oficial de la Liturgia de las Horas para dispositivos móviles, recientemente publicada por la Conferencia Episcopal.
Los sacerdotes que estén afectados por el virus y estén confinados procuren también celebrar los distintos ritos, en la medida de lo posible y si su salud se lo permite.
Se recomienda vivamente que se cuide y fomente el Sacramento de la Penitencia. Se ruega a los sacerdotes una mayor disponibilidad para que los fieles puedan celebrar este Sacramento, con todas las medidas de precaución, distancia social y discreción.


b) Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.

Para la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén se evitará la forma primera descrita por el Misal –procesión–.
En las catedrales se utilizará la forma segunda –entrada solemne–, al menos en la misa principal. Los fieles permanecerán en sus lugares y se hará la bendición y la proclamación del evangelio desde un lugar, dentro de la iglesia, en el que los fieles puedan ver el rito. En la procesión al altar puede participar una representación de los fieles junto con el Obispo y los ministros.
En las parroquias y demás lugares de culto se utilizará la forma tercera –entrada simple–.


c) Misa crismal.
A juicio del Obispo la fecha de la Misa crismal puede trasladarse al día que parezca más adecuado.
Si las normas sobre aforos no permiten la asistencia de todos los sacerdotes de la diócesis y es necesario también limitar el número de fieles, procure el Obispo que al menos pueda hacerlo una representación del presbiterio –por ejemplo, el consejo episcopal, o el consejo presbiteral, o los arciprestes– y un grupo de fieles, y que la celebración sea retransmitida, de modo que quienes hubiesen querido asistir, muy en particularmente el resto del clero, puedan al menos seguirla por estos medios.


d) Jueves Santo.
De forma excepcional, al igual que el año pasado, los sacerdotes tienen la facultad de celebrar este día la Misa sin el pueblo, si concurren circunstancias que así lo aconsejen –por ejemplo, el contagio con el virus del propio sacerdote o el confinamiento de una población–. Quienes no tengan la posibilidad de celebrar la Misa rezarán preferentemente las Vísperas.
Ha de omitirse el rito del lavatorio de los pies.
Dado que este año la celebración se hará, en la mayor parte de los casos, con alguna participación del pueblo, no se omita la procesión y la reserva del Santísimo Sacramento para la adoración y la comunión al día siguiente. Facilítese, en la medida de lo posible, que los fieles puedan dedicar un tiempo de adoración, respetando siempre los horarios de restricción de la libre circulación de los ciudadanos que se establezcan en cada lugar.
Si se van a celebrar varias Misas de la Cena del Señor en la misma iglesia, háganse siempre por la tarde, y omítase, salvo en la última, la reserva solemne del Santísimo.
Si no se va a celebrar el Triduo completo en alguna iglesia, no se haga la reserva eucarística solemne. Además, si no se ha celebrado la Misa vespertina de la Cena del Señor, evítese una adoración eucarística desvinculada de dicha celebración.
Si la celebración es sin participación del pueblo, se omite la procesión, y la reserva se hace en el sagrario habitual.


e) Viernes Santo.
Se ha de asegurar la celebración de la Pasión del Señor, por lo menos, en la Catedral, en los templos parroquiales, al menos en los principales, y en aquellos de mayor capacidad dentro de las zonas pastorales establecidas en cada Diócesis.
En la oración universal se utilizará el formulario habitual con el añadido de la intención especial que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el pasado año (Decreto Prot. N. 155/20). El texto de la intención, que se añade entre la IX y la X, es el siguiente:
IXb. Por quienes sufren en tiempo de pandemia.
Oremos también por todos los que sufren las consecuencias de la pandemia actual: para que Dios Padre conceda la salud a los enfermos, fortaleza al personal sanitario, consuelo a las familias y la salvación a todas las víctimas que han muerto.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Dios todopoderoso y eterno,
singular protector en la enfermedad humana,
mira compasivo la aflicción de tus hijos
que padecen esta pandemia;
alivia el dolor de los enfermos,
da fuerza a quienes los cuidan,
acoge en tu paz a los que han muerto
y, mientras dura esta tribulación,
haz que todos
puedan encontrar alivio en tu misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
En el momento de la adoración de la cruz el celebrante lo hará con una genuflexión o una inclinación profunda. El resto de la asamblea lo hará por medio de una genuflexión o inclinación profunda cuando la cruz sea mostrada, y lo harán cada uno sin moverse de su lugar. Se podría invitar, también, a todos los participantes a la liturgia a que hagan un momento de oración, en silencio, mientras se contempla la cruz. Se evitará, en cualquier caso, la procesión de los fieles en este momento de la celebración.


f) Vigilia Pascual
Se procurará su celebración al menos en la Catedral y en las iglesias parroquiales principales, que posean un aforo suficiente para que puedan participar los fieles con seguridad.
Dependiendo de las normas civiles que se hayan establecido en cada lugar sobre restricción de la libre circulación de los ciudadanos, elíjase una hora adecuada para el comienzo de la celebración que facilite a los fieles la participación en la misma y el regreso a sus casas al finalizar.
El “inicio de la vigilia o lucernario” se puede hacer a la entrada del templo. El celebrante principal deberá estar acompañado por un número limitado de ministros, mientras todos los fieles se mantendrán en sus lugares. Se bendice el fuego, se hacen los ritos de preparación y se enciende el cirio tal como indica el Misal. El sacerdote y los ministros, manteniendo la distancia de seguridad, hacen la procesión por el pasillo central y se cantan las tres invocaciones “Luz de Cristo”. No es recomendable repartir entre los fieles las velas y que las vayan encendido del cirio y luego pasen la luz unos a otros. Después de las invocaciones se canta el Pregón Pascual.
Sigue la “Liturgia de la palabra”. Por razones de brevedad puede acortarse el número de las lecturas, pero procúrese darle la relevancia adecuada a este momento de la celebración. En ningún caso se debería reducir a una Liturgia de la Palabra normal de un domingo, únicamente con tres lecturas.
La “Liturgia bautismal” se celebra tal y como viene indicada en el Misal. La presencia de la asamblea aconseja no omitir el rito de la aspersión después de la renovación de las promesas bautismales. Tómese la precaución, sin embargo, de evitar el contacto con el agua que se va a bendecir cuando esta se prepare, y que el sacerdote higienice las manos con gel hidroalcohólico antes de la aspersión.
No parece aconsejable, dadas las circunstancias, celebrar el bautismo de niños durante la Vigilia Pascual. Si se han de administrar los sacramentos de la Iniciación Cristiana a adultos o si al final se celebra el bautismo de algún niño, hágase con todas las medidas higiénicas y sanitarias que garanticen que los signos y ritos se hagan adecuadamente, pero de forma segura, especialmente los que implican el contacto, como las unciones.
Quienes no puedan participar en la solemne Vigilia Pascual pueden rezar el Oficio de lectura indicado para el Domingo de Pascua en la resurrección del Señor, con el deseo de unirse a toda la Iglesia en la celebración del misterio pascual.
Esperando que estas orientaciones sean acogidas de buen grado en las Iglesias particulares que peregrinan en España, seguimos rezando por el fin de la pandemia, por los difuntos, los enfermos y sus familias, y por todos los que dedican su esfuerzo a paliar las consecuencias de esta crisis que estamos viviendo, esperando que la celebración de los días de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor sean un auténtico encuentro con Él, que fortalezca la fe, esperanza y caridad de todos los fieles.


Madrid, 3 de marzo de 2021


+ José Leonardo Lemos, obispo de Ourense. Presidente de la CEL
Antonio, Cardenal Cañizares, arzobispo de Valencia
+ Ángel Fernández, obispo de Albacete
+ Jesús Murgui, obispo de Orihuela-Alicante
+ Manuel Sánchez, obispo de Santander
+ Juan Antonio Aznárez, obispo auxiliar de Pamplona  y Tudela
+ Julián López, obispo emérito de León
+ Ángel Rubio, obispo emérito de Segovia


[1] Nota para los Obispos y las conferencias episcopales sobre la Semana Santa 2021 (Prot. N. 96/21)
[2] cf. Carta del Cardenal Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a los Presidentes de las Conferencias Episcopales ¡Volvamos con alegría a la Eucaristía!, 15 de agosto de 2020, Prot. N. 432/20.


Artículo enviado por:



Jesús Manuel Cedeira Costales.



Fuente:


www.conferenciaepiscopal.es

jueves, 4 de marzo de 2021

Valores imprescindibles para ser costalero


 

La sensación que se puede trasladar al mundo del costal, ya que las emociones y las vivencias del costalero son distintas de una hermandad a otra influyendo sobre ellas principalmente la devoción a la imagen y el grupo con el que se trabaja y no debiendo ser influyentes en el resultado final del trabajo realizado, pues el costalero cuando se compromete y se incorpora a una cuadrilla lo hace sabiendo a lo que va, que no es otra cosa que ser los pies de María o de su Bendito Hijo.


Hoy se siente, se vive y disfruta de una manera diferente. Muchos recordamos experiencias pasadas donde nuestra satisfacción era llegar con la mayor compostura posible. 


Gracias a Dios, esto cambió y el costalero ahora disfruta y nos hace disfrutar a todos los que nos gusta la Semana Santa. 


Pero este boom del mundo del costal también viene acompañado de cambios importantes en las cuadrillas y en las hermandades, siendo cada vez más frecuente que aquellas que, amparadas en su popularidad o por la gran demanda de sitio en sus cuadrillas, hacen de obligado cumplimiento lo que para otras puede ser impensable a día de hoy. 


Edad, ser hermanos obligatoriamente, pagar papeleta de sitio, uniformidad completa, son términos que a nadie le extrañan, más aún ahora que casi nadie recuerda los tiempos no tan lejanos en que las hermandades nutrían a los jóvenes que a ellas se acercaban de costal, faja, camiseta y si me apuran hasta de zapatillas de esparto a cambio de su esfuerzo bajo las trabajaderas.


Este cambio tan radical viene motivado por la ley de oferta y demanda, la bonanza económica, la mejora en las herramientas de trabajo y sobre todo por la concienciación de los costaleros que entienden que estas herramientas deben de ser de calidad y acordes a sus necesidades.


Algo que comenzó como una moda absurda, costales de colorines y muñequitos, etc ha dado paso a ropas más adecuadas de tejidos más discretos, que mejoran el rendimiento posibilitando un mejor trabajo del costalero. 


Es un gran avance que evidencia el compromiso de los costaleros para con su afición/devoción y por tanto una descarga para las hermandades que ven como estos recursos se pueden invertir en patrimonio y otras partidas presupuestarias. 


Sin embargo nos encontramos en un punto donde las exigencias se acrecientan y de una aportación desinteresada por el bien del costalero y de la hermandad, se ha pasado a la obligación. 


En mi opinión los requisitos estéticos y económicos no implican ni llevan asociados que se quiera más, se mime más, se ayude más o se tenga un mayor compromiso hacia la imagen, el capataz, los compañeros, o la hermandad. 






Si el costalero no es solidario, disciplinado, comprometido y leal, difícilmente utilizará su devoción, su esfuerzo y sus herramientas de labor de forma correcta, pues su energía quedará dispersa y diluida entre vítores y emociones que tan sólo serán percibidos por él y sus egos.


Los únicos requisitos para aquel que siente, se emociona y tiene fe son entrega, confianza, lealtad y compromiso. 


Por desgracia estas facetas tiene más que ver con las personalidades que habitan en el interior de cada uno que con los requisitos impuestos, por esto quizás las hermandades y los responsables de las cuadrillas deberíamos incidir más en la formación de personas para potenciar el respeto hacia su capataz, compañeros y hacia la Imagen que portan, pues estos valores constituyen los grandes pilares que deben primar en un grupo y en una cuadrilla. 


Estos valores son los que nos hacen costaleros, los que nos permite hacernos llamar hermanos y lo que nos hacen que seamos parte de una cuadrilla y a través de los cuales se puede llegar a la amistad, a la complicidad y a la unidad que se mantendrá más allá de los ensayos o del día de salida.



Artículo enviado por:


Jesús Manuel Cedeira Costales.



Fuente:


Texto de MANUEL OROZCO

martes, 2 de marzo de 2021

El nuevo paso de los Estvdiantes de Oviedo en la Cope a nivel Nacional

 


El nuevo paso de los Estvdiantes de Oviedo en la COPE a nivel Nacional. Escúchalo en: 


http://hermandadestudiantes.es/


https://www.cope.es/programas/herrera-en-cope/herrera-en-cope-hora-completa/audios/herrera-cope-02-03-2021-20210302_1379742


✠ ESTUDIANTES, GUARDIANES Y CUSTODIOS DEL MONSACRO ✠


BAJO LA PROTECCION DE MARIA PORQUE: ¡DIOS LO QUIERE!



Enviado por:


Jesús Manuel Cedeira Costales.