lunes, 7 de mayo de 2018

Fuente limpia de la fe



Del evangelio de san Lucas l, 39.4345

    En aquel tiempo, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel... Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito... ¡Dichosa tu que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

    La fe es un don de Dios y ésta brota de la predicación de la Palabra, Cómo van a creer, afirmará san Pablo, si nadie les predica. María es la mejor de las oyentes ya que puso su fe en la Palabra de Dios que escuchó de boca del ángel.

    La Palabra escuchada en ella se hizo carne. Jesús fruto bendito de su vientre, Palabra escuchada y creída, fue siempre para ella un gran misterio saboreado por medio de una meditación sosegada.

    La Virgen, fuente limpia de la fe, traza para nosotros un camino creyente.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente: http://www.santuariodecovadonga.com


domingo, 6 de mayo de 2018

Madre de los que son de Cristo



Del evangelio de san Juan 19, 25-2


    Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús al ver a su madre y cerca al discípulo a quien tanto quería, dijo su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Ahí tienes a tu madre". Desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.


    Por la fe y el bautismo el cristiano es miembro del cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia y ésta nace del costado de Jesús, nuevo Adán, "dormido" en el árbol de la cruz. A la Iglesia Jesús le di-ce como en otro tiempo Adán a Eva, "tú sí que eres hueso de mis huesos y carne de mi carne".


    María es la Virgen madre del Señor y Jesús al nacer de María se ha hecho nuestro hermano; María es nuestra Madre porque nosotros somos, por el bautismo, miembros del Cuerpo de su Hijo.


    En la cruz la Virgen recibió de su Hijo Jesucristo un encargo maternal: ser madre de los que son de Cristo. A nosotros nos toca acogerla en la casa de nuestra vida.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales
Fuente: http://www.santuariodecovadonga.com

sábado, 5 de mayo de 2018

Gloria de la Santísima Trinidad




Del evangelio de san Lucas l, -49

    El poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Dios se da a conocer a los hombres mostrándoles su gloria, y la gloria de Dios es una expresión que se emplea en la Biblia para designar las grandes obras que el Altísimo hace en favor de los hombres, o sus manifestaciones prodigiosas.

    En Jesús, particularmente en su muerte y su resurrección, se manifiesta la gloria de Dios Padre y haciéndose obediente hasta la muerte y muerte en cruz, Cristo Jesús le glorifica. Este gesto de glorificación llega a los cristianos y la Virgen María es la primera en beneficiarse: llena del Espíritu Santo es hecha esposa de Dios Padre y madre de su Hijo Unigénito.

    En la Virgen todo es hermoso porque en ella se palpa la gloria de Dios. En la Virgen, al dar a luz al Salvador del mundo, la Santísima Trinidad se dignó revelar el esplendor de su gloria.


Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente: http://www.santuariodecovadonga.com

viernes, 4 de mayo de 2018

LA PASCUA: EL TRIUNFO DEL SIERVO Y DE LA SIERVA.




Celebramos la Pascua: el paso de la muerte a la vida, el triunfo del SIERVO y de la SIERVA, la esperanza de los pobres, de los que son capaces de confiar completamente en la bondad de Dios y hacerse disponibles para la misión que, de ser luz, testigos de la fraternidad y promotores de la justicia.

 Tu resurrección, Señor Jesús, llena de sentido tu vida, tu misión y tu propuesta. Es un canto que proclama el triunfo del amor sobre el pecado. Es la Vida que irrumpe doblegando el poder de la muerte.

 Son los pobres, los humildes, los sencillos, los misericordiosos, los de corazón limpio, con hambre y sed de justicia, que trabajan por la paz y que aceptan incluso ser perseguidos y calumniados por razón de la justicia. Son ellos, los que solo cuentan como José y María con un par de pichones para ofrecer sus vidas; los "locos", los que creen en la verdad, los que se atreven a amar incluso al enemigo; los que comparten, perdonan, sirven y lavan los pies a sus hermanos. Son ellos, sí, los que no buscan los primeros puestos, sino que salen al encuentro del hambriento, del sediento, del preso, del desnudo y del enfermo. Son ellos, sí, y sólo ellos, los que acogen como María el plan divino y se ofrecen a sí mismos como siervos, los que saben ver las necesidades de su prójimo, son ellos, y solo ellos, los que van caminando por un sendero cierto hacia la VIDA.

 Concédenos, Señor, la gracia de poder comprender lo que el Ángel le anunciara a María: que “para Dios no hay nada imposible”. Ayúdanos a entender que la muerte no es la última palabra para nuestro pueblo; que, en el corazón de nuestra historia, con dolores como de parto, se está gestando la manifestación gloriosa de los hijos de Dios, porque Él ha mirado la humillación de sus siervos.


 Comunidad de comunidades



Tras la Resurrección de Jesús, llenos del Espíritu Santo y acompañados por la Virgen María, los discípulos de Jesús se reunieron formando comunidad. Anunciaron el Evangelio, y, donde quiera que iban, fundaban pequeñas comunidades de fe, esperanza y amor, centradas en Jesucristo y dedicadas a la Palabra de Dios, a la oración, la vida fraterna y al servicio. Compartían sus bienes y velaban porque ninguno pasara necesidad. Se organizaron como miembros útiles de un mismo cuerpo; unidos en un mismo espíritu se distribuyeron funciones y servicios. Como piedras vivas de un único Templo, cada uno cumplía su función. Se prestaban mutuo auxilio, y celebraban con gozo la Cena del Señor. Eran la alegría del pueblo, y motivo para que muchos acogieran la fe en el Señor.



 En decidida opción por la vida.

A imitación de Jesús, los primeros cristianos se pusieron al lado de los débiles: Curaron a los enfermos, liberaron con la fuerza de Cristo a los que estaban oprimidos, acogieron a pecadores convertidos, atendieron huérfanos y viudas y se extendieron como familia principalmente entre los despreciados de la tierra. Hicieron colectas en favor de las comunidades pobres; repartieron sus bienes entre los más necesitados, y se lanzaron por el mundo entero a transmitir la Vida y la Verdad.


Llenos del Espíritu Santo, soportaron arrestos, tortura, frío, hambre, calumnias, persecuciones y martirio. Pero, a imagen del Maestro, respondieron bien por mal. Embriagados de Esperanza, no temieron a la muerte. Fortalecidos en el Amor de Cristo donaron sus vidas, para que el mundo tenga Vida y la tenga en abundancia.

 Con esperanza en la vida nueva

Estamos iniciando un nuevo siglo, un nuevo milenio. Estos años anteriores han sido de mucho sufrimiento para nuestro pueblo. Uno a uno, los grandes imperios, como aves de rapiña, nos han ido despojando de los bienes, de la vida, la cultura, la libertad y de la paz.



Pero nuestro pueblo, a pesar de su sufrimiento, ha sabido mantenerse como pueblo de esperanza. Nuestra gente sencilla, con Pablo recuerda, que ni la angustia, ni el hambre, ni la desnudez, ni la persecución, ni la espada podrán apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús (cf. Rom. 8).



Hemos de promover la esperanza. Con los pies en el suelo, la Biblia en la mano, los ojos en la realidad y el corazón en el pueblo, haremos de nuestra patria esa Tierra Nueva donde habite la justicia. Y para esto nos anima la certeza de que María, que acompañó a Jesús desde su concepción hasta la cruz, nos estará acompañando para que la entrega de su Hijo dé abundante fruto entre nosotros.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

jueves, 3 de mayo de 2018

INVENCIÓN DE LA SANTA CRUZ




No debe confundirse con Exaltación de la Santa Cruz.

La Invención​ de la Santa Cruz, ​ Cruz de Mayo o también Fiesta de las Cruces es una de las fiestas dentro del rito romano para festejar el culto a la Cruz de Cristo.

"Invención" (del latín invenio, "descubrir") es el nombre litúrgico y oficial. En cambio, Cruz de Mayo o fiesta de las Cruces es la denominación popular. Se festeja el 3 de mayo, y la Iglesia católica, según el rito romano, ha situado el hallazgo de la santa Cruz. Es una festividad muy extendida en España e Hispanoamérica. Pero tras la reforma de la liturgia romana por Juan XXIII, en 1960 con el motu proprio Rubricarum instructum, perdió importancia en el calendario romano.





Historia

El origen está en conmemorar el hallazgo por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, de la verdadera cruz de Jesucristo en su peregrinación a Jerusalén. Al tratarse de una fiesta relacionada con la pasión de Cristo, su Cruz, la fiesta en rito romano será de color rojo.



Ciertos autores enlazan la fiesta de La Cruz de Mayo con un origen pre-cristiano en el Árbol de Mayo o Palo de Mayo. El culto al árbol ha sido común en la religión europea y se ha dado, entre otros pueblos, en celtas, germanos, griegos, romanos y eslavos.​ En el Arbor Intrat romano se cortaba un pino, se engalanaba con guirnaldas violetas, cintas de lana y una imagen de Atis y se llevaba al templo de Cibeles.​ En la Francia medieval los campesinos ponían el 1 de mayo árboles decorados frente a las casas señoriales y las iglesias.​ La costumbre del árbol decorado se daba entre los eslavos a finales de abril.​ En Rumanía los gitanos hacían una festividad similar el 23 de abril, día de San Jorge, al que llamaban el "Verde Jorge".



Aunque en algunos momentos, esta costumbre fue prohibida por clérigos y nobles. ​ En Inglaterra se dejó de hacer a lo largo del siglo XVII, debido a la Reforma protestante. La costumbre del árbol ha sido habitual en España (sobre todo en Castilla),9​10​ celebrándose normalmente entre el 30 de abril y el 3 de mayo. ​ En algunos lugares (sobre todo católicos) la costumbre del árbol pasó a ser el Mayo Florido o la Pascua Florida.



Las primeras celebraciones populares de la Cruz de Mayo son del siglo XVII. ​ Lope de Vega escribió en su obra La mejor enamorada, la Magdalena una versión cristiana de la copla Este sí que es mayo famoso dedicada a la cruz de mayo:12​14​

Este sí que se lleva la gala

que es la Cruz en que Dios murió.

Este sí que se lleva la gala

que los otros árboles no.

El ambiente de las cruces de mayo de Sevilla fue descrito por Lope de Vega, Juan de Zabaleta​ y Quiñones de Benavente. ​ A comienzos del siglo XIX, José María Blanco White escribió también sobre las cruces de mayo de Sevilla.



La festividad suele situarse el 3 de mayo por ser esta fecha la de la "invención" (es decir, el "hallazgo") por santa Elena en el 326 de la "verdadera cruz" (Vera Cruz) donde Cristo fue crucificado.

Aunque el 3 de mayo se celebra la Invención de la Santa Cruz (o Cruz Verde, por el carácter vegetal de la primavera), ​ la Iglesia situó el 14 de septiembre la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz (o Cruz Seca).







Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales



Fuente: wikipedia.org




miércoles, 2 de mayo de 2018

LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN EN LA IGLESIA PRIMITIVA





La Virgen María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios desde los albores del cristianismo.

“Los primeros cristianos, a los que hemos de acudir siempre como modelo, dieron un culto amoroso a la Virgen. En las pinturas de los tres primeros siglos del Cristianismo, que se conservan en las catacumbas romanas, se la contempla representada con el Niño Dios en brazos. ¡Nunca les imitaremos bastante en esta devoción a la Santísima Virgen!” (San Josemaría)

Con ocasión del mes de mayo, hablamos sobre los orígenes de la devoción mariana en los primeros cristianos

“Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc 1, 48)

Como han puesto en evidencia los estudios mariológicos recientes, la Virgen María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios y Madre nuestra desde los albores del cristianismo. En los tres primeros siglos la veneración a María está incluida fundamentalmente dentro del culto a su Hijo.

Un Padre de la Iglesia resume el sentir de este primigenio culto mariano refiriéndose a María con estas palabras: «Los profetas te anunciaron y los apóstoles te celebraron con las más altas alabanzas». De estos primeros siglos sólo pueden recogerse testimonios indirectos del culto mariano. Entre ellos se encuentran algunos restos arqueológicos en las catacumbas, que demuestran el culto y la veneración, que los primeros cristianos tuvieron por María.



Tal es el caso de las pinturas marianas de las catacumbas de Priscila: en una de ellas se muestra a la Virgen nimbada con el Niño al pecho y un profeta (quizá Isaías) a un lado; las otras dos representan la Anunciación y la Epifanía.

Todas ellas son de finales del siglo II. En las catacumbas de San Pedro y San Marceliano se admira también una pintura del siglo III/IV que representa a María en medio de S. Pedro y S. Pablo, con las manos extendidas y orando. Una magnífica muestra del culto mariano es la oración “Sub tuum praesidium” (Bajo tu amparo nos acogemos)  que se remonta al siglo III-IV, en la que se acude a la intercesión a María.

Los Padres del siglo IV alaban de muchas y diversas maneras a la Madre de Dios. San Epifanio, combatiendo el error de una secta de Arabia que tributaba culto de latría a María, después de rechazar tal culto, escribe: «¡Sea honrada María! !Sea adorado el Señor!».

La misma distinción se aprecia en San Ambrosio quien tras alabar a la « Madre de todas las vírgenes» es claro y rotundo, a la vez, cuando dice que «María es templo de Dios y no es el Dios del templo» , para poner en su justa medida el culto mariano, distinguiéndolo del profesado a Dios.

Hay constancia de que en tiempo del papa San Silvestre, en los Foros, donde se había levantado anteriormente un templo a Vesta, se construyó uno cuya advocación era Santa María de la Antigua. Igualmente el obispo Alejandro de Alejandría consagró una Iglesia en honor de la Madre de Dios. Se sabe, además, que en la iglesia de la Natividad en Palestina, que se remonta a la época de Constantino, junto al culto al Señor, se honraba a María recordando la milagrosa concepción de Cristo.

En la liturgia eucarística hay datos fidedignos mostrando que la mención venerativa de María en la plegaria eucarística se remonta al año 225 y que en las fiestas del Señor -Encarnación, Natividad, Epifanía, etc.- se honraba también a su Madre. Suele señalarse que hacia el año 380 se instituyó la primera festividad mariana, denominada indistintamente «Memoria de la Madre de Dios», «Fiesta de la Santísima Virgen», o «Fiesta de la gloriosa Madre».

El testimonio de los Padres de la Iglesia

El primer Padre de la Iglesia que escribe sobre María es San Ignacio de Antioquía (+ c. 110), quien contra los docetas, defiende la realidad humana de Cristo al afirmar que pertenece a la estirpe de David, por nacer verdaderamente de María Virgen.



Fue concebido y engendrado por Santa María; esta concepción fue virginal, y esta virginidad pertenecea uno de esos misterios ocultos en el silencio de Dios.

En San Justino (+ c. 167) la reflexión mariana aparece remitida a Gen 3, 15 y ligada al paralelismo antitético de Eva-María.

En el Diálogo con Trifón, Justino insiste en la verdad de la naturaleza humana de Cristo y, en consecuencia, en la realidad de la maternidad de Santa María sobre Jesús y, al igual que San Ignacio de Antioquía, recalca la verdad de la concepción virginal, e incorpora el paralelismo Eva-María a su argumentación teológica.

Se trata de un paralelismo que servirá de hilo conductor a la más rica y  constante teología mariana de los Padres.

San Ireneo de Lyon (+ c. 202), en un ambiente polémico contra los gnósticos y docetas, insiste en la realidad corporal de Cristo, y en la verdad de su generación en las entrañas de María. Hace, además, de la maternidad divina una de las bases de su cristología: es la naturaleza humana asumida por el Hijo de Dios en el seno de María la que hace posible que la muerte redentora de Jesús alcance a todo el género humano. Destaca también el papel maternal de Santa María en su relación con el nuevo Adán, y en su cooperación con el Redentor.

En el Norte de África Tertuliano (+ c. 222), en su controversia con el gnóstico Marción), afirma que María es Madre de Cristo porque ha sido engendrado en su seno virginal.

En el siglo III se comienza a utilizar el título Theotókos (Madre de Dios). Orígenes (+ c. 254) es el primer testigo conocido de este título. En forma de súplica aparece por primera vez en la oración Sub tuum praesidium. que –como hemos dicho anteriormente- es la plegaria mariana más antigua conocida. Ya en el siglo IV el mismo título se utiliza en la profesión de fe de Alejandro de Alejandría contra Arrio.

A partir de aquí cobra universalidad y son muchos los Santos Padres que se detienen a explicar la dimensión teológica de esta verdad –San Efrén, San Atanasio, San Basilio, San Gregorio de Nacianzo, San Gregorio de Nisa, San Ambrosio, San Agustín, Proclo de Constantinopla, etc.-, hasta el punto de que el título de Madre de Dios se convierte en el más usado a la hora de hablar de Santa María.

La verdad de la maternidad divina quedó definida como dogma de fe en el Concilio de Efeso del año 431.

“¿Y después de la muerte del Salvador? María es la Reina de los Apóstoles; se encuentra en el Cenáculo y les acompaña en la recepción de Aquél que Cristo había prometido, del Paráclito; les anima en sus dudas, les ayuda a vencer los obstáculos que la flaqueza humana pone en su camino: es guía, luz y aliento de aquellos primeros cristianos. (San Josemaría Escrivá).

Las Prerrogativas o Privilegios Marianos

La descripción de los comienzos de la devoción mariana quedaría incompleta si no se mencionase un tercer elemento básico en su elaboración: la firme convicción de la excepcionalidad de la persona de Santa María -excepcionalidad que forma parte de su misterio- y que se sintetiza en la afirmación de su total santidad, de lo que se conoce con el calificativo de “privilegios” marianos.

Se trata de unos “privilegios” que encuentran su razón en la relación maternal de Santa María con Cristo y con el misterio de la salvación, pero que están realmente en Ella dotándola sobreabundantemente de las gracias convenientes para desempeñar su misión única y universal.

Estos privilegios o prerrogativas marianas no se entienden como algo accidental o superfluo, sino como algo necesario para mantener la integridad de la fe.

San Ignacio, San Justino y Tertuliano hablan de la virginidad. También lo hace San Ireneo. En Egipto, Orígenes defiende la perpetua virginidad de María, y considera a la Madre del Mesías como modelo y auxiliode los cristianos.

En el siglo IV, se acuña el término aeiparthenos —siempre virgen—, que S. Epifanio lo introduce en su símbolo de fe y posteriormente el II Concilio Ecuménico de Constantinopla lo recogió en su declaración dogmática.



Junto a esta afirmación de la virginidad de Santa María, que se va haciendo cada vez más frecuente y universal, va destacándose con el paso del tiempo la afirmación de la total santidad de la Virgen. Rechazada siempre la existencia, de pecado en la Virgen, se aceptó primero que pudieron existir en Ella algunas imperfecciones.

Así aparece en San Ireneo, Tertuliano, Orígenes, San Basilio, San Juan Crisóstomo, San Efrén, San Cirilo de Alejandría, mientras que San Ambrosio y San Agustín rechazan que se diesen imperfecciones en la Virgen.

Después de la definición dogmática de la maternidad divina en el Concilio de Efeso (431), la prerrogativa de santidad plena se va consolidando y se generaliza el título de “toda santa” –panaguía-. En el Akathistos se canta “el Señor te hizo toda santa y gloriosa” (canto 23).

A partir del siglo VI, y en conexión con el desarrollo de la afirmación de la maternidad divina y de la total santidad de Santa María, se aprecia también un evidente desarrollo de la afirmación de las prerrogativas marianas.

Así sucede concretamente en temas relativos a la Dormición, a la Asunción de la Virgen, a la total ausencia de pecado (incluido el pecado original) en Ella, o a su cometido de Mediadora y Reina. Debemos citar especialmente a S. Modesto de Jerusalén, a S. Andrés de Creta, a S. Germán de Constantinopla y a S. Juan Damasceno como a los Padres de estos últimos siglos del periodo patrístico que más profundizaron en las prerrogativas marianas.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente: www.primeroscristianos.com

martes, 1 de mayo de 2018

MES DE MAYO: MES DE MARIA




En este mes de mayo, cada uno de nosotros tenemos la posibilidad de encontrarnos contigo, de dejar que tú nos mires y nos hables en nuestra vida diaria. Ayúdanos a descubrir lo importante que es contar contigo, abrirte con confianza las puertas de nuestras vidas y descubrir tu amor absolutamente gratuito, sincero por nosotros y los nuestros. Por eso en este mes queremos ofrecerte los frutos y las flores de virtud que al calor de tu devoción han brotado en el jardín de nuestras almas.



Bien quisiéramos que fuesen flores más bellas, sin espinas sin manchas, pero no ignoras mater cuanta es nuestra miseria y pobreza. Míranos pues con ojos de compasión y riega y cuida tú misma este jardín que todo entero te lo entregamos a ti, para que produzcas las flores y los frutos que deseas y tienes derecho a esperar de nuestras almas.


1-    Tu presencia nos llena. También nuestro corazón se apacigua ante tu imagen. Queremos recordar momentos especiales que hemos vivido junto a ti, agradecemos a Dios todo lo que hemos recibido de ti. Cuanto bien nos has hecho y sigues haciéndonos por las personas que nos regalas para trasmitirnos el regalo de la vida. Hoy tú, nos has salido al encuentro, porque necesitamos experimentar tu amor incondicional. Porque me ofreces en este instante y en todos los momentos de la vida amor maternal ilimitado.



2-    Nos sentimos reconfortados. Que grande que tú escogida entre todas las mujeres, nos quieras, así como somos, sentirlo cambia algo en nuestro interior. Por eso ahora queremos contemplar tu imagen y detenernos en tus rasgos delicados que nos hacen revivir como tu amor maternal nos libera. Tu cariño nos ha hecho crecer, tu confianza nos ha dado alas para no tener miedos, tu fe reafirma la nuestra, tu educación nos hace fuertes y alegres. Hoy te pedimos que nos asemejes a ti.



3-    Madre danos tú amor y llénanos de fuerza para llevar a Jesús haya donde vallamos. Envíanos y haznos llegar a las personas que necesitan experimentar tu amor, por eso ahora como los discípulos reunidos en Pentecostés junto a ti, te rezamos:



“Sigo esperando hoy que tú me acojas y me animes

Cuando todos me dan la espalda

Y yo mismo me rebelo contra mis límites

Sonrío en lo más profundo de mí ser

Al recibir tus pequeños cuidados,

Que cubren mis necesidades con detalle y calor…

Con ese amor desinteresado, inamovible

Me tranquilizo al comprobar tu firmeza y fidelidad

A pesar de los grandes cambios que experimento

A mí alrededor y en mis sentimientos

Me sorprendo al ver cómo tú sacas lo mejor de mí

Y me quieres tal como soy.

Me viene a la cabeza tu imagen

Y a los labios tu nombre

En los momentos más oscuros de mi vida,

En los momentos de prueba,

De soledad, de toma de decisiones.”



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales